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OpiniónAnálisis

Zaqueo: cuando el perdido te cae mal

Jesús no vino a premiar a los que ya estaban cerca, sino a buscar a quien nadie quería en la mesa.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 3 min de lectura
Zaqueo: cuando el perdido te cae mal
Foto: Calil Encarnación / Pexels

En un devocional en video, Jonathan Avila plantea una pregunta incómoda: ¿qué haces cuando el perdido te cae mal? Su punto de partida es Zaqueo, y el mío también.

El murmullo que también es mío

Lucas 19 abre con una queja colectiva: «Y al verlo, todos murmuraban, diciendo: Ha entrado a posar con un hombre pecador.» (Lucas 19:7, RVR1960). Leo ese versículo y me reconozco en la multitud.

Piensa en la persona que aparece en tu cabeza cuando lees la palabra «perdido». Puede ser quien te humilló en el trabajo, quien te bloqueó en redes o quien se sentó en tu misma mesa y te lastimó. No es un desconocido; tiene nombre, y por eso la pregunta duele.

«La gracia busca primero y no premia méritos.»

— Samuel Ibarra

Zaqueo cabe en esa categoría. No era el perdido que uno quisiera recuperar, y la gente lo dejó claro cuando Jesús dijo que iría a su casa.

Avila acierta al no suavizar la escena. La incomodidad no estaba en Zaqueo, estaba en los que miraban. Y esa también soy yo.

La gracia no se reparte por merecimiento

Zaqueo no se arregló antes de bajar del árbol. Se subió porque quería ver, y la iniciativa vino del otro lado. Jesús cierra el episodio con una frase que desarma mis cuentas: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.» (Lucas 19:10, RVR1960).

Ahí está lo que me incomoda. La gracia busca primero y no premia méritos. Si dependiera del merecimiento, yo también quedaría fuera de la lista. La misma medida que aplico al que no soporto es la que se me aplica a mí, y no me gusta el resultado.

Guardo rencores porque me dan razón. Es cómodo tener a alguien a quien culpar. Pero cuando le pido a Dios que pase de largo junto a esa persona, estoy pidiendo que deje de ser quien es. Eso se parece más a una lista de excepciones con mi nombre al final que a celo por la santidad.

Lo que matizaría del video es esto: la pregunta no se responde con un sentimiento bonito. Hay daño real, hay relaciones que siguen siendo peligrosas y hay límites sanos que la Biblia no condena. Perdonar no significa volver a confiar de inmediato.

El nombre que no quieres decir en voz alta

Aquí va un paso concreto para esta semana. Escribe el nombre. El de esa persona que te cae mal y que, según la Escritura, también es objeto del propósito del Padre. Escríbelo y ora por ella, aunque no sientas ganas.

No le pidas a Dios que la cambie para que tú quedes tranquilo. Pídele que la alcance, como te alcanzó a ti cuando no lo merecías. Ora por su casa, por su trabajo, por lo que esté cargando en silencio.

Puede que la primera vez no sientas nada. Está bien. El rencor no se va con una oración; se va con muchas. Pero cada vez que nombras a esa persona delante de Dios, dejas de administrar la gracia como si fuera tuya.

¿Qué nombre te vino a la mente mientras leías? Escríbelo y llévalo contigo a la oración. Después cuéntame qué cambió primero: la otra persona, o tú.

Fuentes

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