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Biblia en 5: Marcos 8:22-30 — Ver a medias no es ver

Jesús sanó a un ciego en dos intentos y solo Marcos narra ese episodio: la vista de sus discípulos también fue lenta.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 3 min de lectura
Biblia en 5: Marcos 8:22-30 — Ver a medias no es ver
Foto: Matheus Bertelli / Pexels

Marcos 8:22-30, según la Reina-Valera 1960 que publica Bible Gateway, guarda dos escenas seguidas: un ciego curado por partes en Betsaida y la confesión de Pedro cerca de Cesarea de Filipo. Ver a medias no es ver.

Un milagro que necesita dos intentos

Le llevan a un ciego y le piden que lo toque. Jesús lo saca del pueblo, le pone saliva en los ojos, le impone las manos y le pregunta si alcanza a ver algo. La respuesta es extraña y sincera: «Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan» (Marcos 8:24, RVR1960). Vuelve a ponerle las manos encima: «Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos» (Marcos 8:25, RVR1960).

Betsaida era una aldea de pescadores a la orilla del lago de Genesaret; de allí salieron Pedro, Andrés y Felipe (Juan 1:44). Ningún otro evangelio narra esta curación. Marcos la coloca justo después de reclamar a sus discípulos que no entendían ni el asunto del pan (Marcos 8:18, 21). La ceguera que le quita el sueño no es solo la de ese hombre.

«Nadie llega a ver a Jesús por su propio esfuerzo; siempre hay una mano que guía y unos ojos que se abren por obra de otro.»

— Samuel Ibarra

La pregunta que nadie puede esquivar

Más al norte, cerca de las aldeas de Cesarea de Filipo, Jesús quiere saber qué se dice de él. Unos mencionan a Juan el Bautista; otros, a Elías; otros, a algún profeta. Entonces la pregunta deja de ser un sondeo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» (Marcos 8:29, RVR1960). Pedro responde: «Tú eres el Cristo».

Es la primera vez que alguien lo dice claro, y aun así la vista seguía a medias. Apenas confesado, Jesús anuncia que debe padecer, morir y resucitar (Marcos 8:31), y reprende a Pedro cuando intenta apartarlo de la cruz (Marcos 8:33). El amigo esperaba un Mesías que aprobara sus planes. Mateo 16:17 añade que esa confesión se la reveló el Padre, no la sacó de su propio ingenio. Y Jesús les pide silencio (Marcos 8:30): nadie puede proclamarlo Mesías antes de la cruz.

Nadie ve por su cuenta

Dios da la vista a quien él decide, en el momento que él decide y con los medios que él elige: saliva, manos encima, dos intentos. Nadie llega a ver a Jesús por su propio esfuerzo; siempre hay una mano que guía y unos ojos que se abren por obra de otro. El Mesías que Pedro nombra tampoco es un guía espiritual más: es el que camina hacia la cruz. Al final del relato, otro ciego, Bartimeo, recobra la vista y sigue a Jesús por la misma ruta hacia Jerusalén (Marcos 10:46-52).

Tres cosas concretas. Una: ver a medias no significa que tu fe esté rota; significa que vas en camino, y ese ciego necesitó dos toques antes de ver del todo. Otra: cuídate del Jesús hecho a tu medida, el que reparte calma y buenos deseos siempre que no toque tus decisiones. Y la confesión se hace con tu propia voz, no con una frase memorizada. Esta semana lee Marcos 8:22-30 dos veces; la segunda, dile a Jesús en voz alta quién es él para ti.

¿Qué área de tu vida sigue en la primera mitad del milagro: crees de verdad, pero todavía no ves claro?

Fuentes

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