Biblia en 5: Marcos 8:22-30 — Ver a medias no es ver
Jesús sanó a un ciego en dos intentos y solo Marcos narra ese episodio: la vista de sus discípulos también fue lenta.
Marcos 8:22-30, según la Reina-Valera 1960 que publica Bible Gateway, guarda dos escenas seguidas: un ciego curado por partes en Betsaida y la confesión de Pedro cerca de Cesarea de Filipo. Ver a medias no es ver.
Un milagro que necesita dos intentos
Le llevan a un ciego y le piden que lo toque. Jesús lo saca del pueblo, le pone saliva en los ojos, le impone las manos y le pregunta si alcanza a ver algo. La respuesta es extraña y sincera: «Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan» (Marcos 8:24, RVR1960). Vuelve a ponerle las manos encima: «Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos» (Marcos 8:25, RVR1960).
Betsaida era una aldea de pescadores a la orilla del lago de Genesaret; de allí salieron Pedro, Andrés y Felipe (Juan 1:44). Ningún otro evangelio narra esta curación. Marcos la coloca justo después de reclamar a sus discípulos que no entendían ni el asunto del pan (Marcos 8:18, 21). La ceguera que le quita el sueño no es solo la de ese hombre.
«Nadie llega a ver a Jesús por su propio esfuerzo; siempre hay una mano que guía y unos ojos que se abren por obra de otro.»
La pregunta que nadie puede esquivar
Más al norte, cerca de las aldeas de Cesarea de Filipo, Jesús quiere saber qué se dice de él. Unos mencionan a Juan el Bautista; otros, a Elías; otros, a algún profeta. Entonces la pregunta deja de ser un sondeo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» (Marcos 8:29, RVR1960). Pedro responde: «Tú eres el Cristo».
Es la primera vez que alguien lo dice claro, y aun así la vista seguía a medias. Apenas confesado, Jesús anuncia que debe padecer, morir y resucitar (Marcos 8:31), y reprende a Pedro cuando intenta apartarlo de la cruz (Marcos 8:33). El amigo esperaba un Mesías que aprobara sus planes. Mateo 16:17 añade que esa confesión se la reveló el Padre, no la sacó de su propio ingenio. Y Jesús les pide silencio (Marcos 8:30): nadie puede proclamarlo Mesías antes de la cruz.
Nadie ve por su cuenta
Dios da la vista a quien él decide, en el momento que él decide y con los medios que él elige: saliva, manos encima, dos intentos. Nadie llega a ver a Jesús por su propio esfuerzo; siempre hay una mano que guía y unos ojos que se abren por obra de otro. El Mesías que Pedro nombra tampoco es un guía espiritual más: es el que camina hacia la cruz. Al final del relato, otro ciego, Bartimeo, recobra la vista y sigue a Jesús por la misma ruta hacia Jerusalén (Marcos 10:46-52).
Tres cosas concretas. Una: ver a medias no significa que tu fe esté rota; significa que vas en camino, y ese ciego necesitó dos toques antes de ver del todo. Otra: cuídate del Jesús hecho a tu medida, el que reparte calma y buenos deseos siempre que no toque tus decisiones. Y la confesión se hace con tu propia voz, no con una frase memorizada. Esta semana lee Marcos 8:22-30 dos veces; la segunda, dile a Jesús en voz alta quién es él para ti.
¿Qué área de tu vida sigue en la primera mitad del milagro: crees de verdad, pero todavía no ves claro?
Fuentes
- Bible Gateway, Reina-Valera 1960 — Marcos 8:22-30
- Bible Gateway, Reina-Valera 1960 — Marcos 8:11-21
- Bible Gateway, Reina-Valera 1960 — Marcos 8:31-33
- Bible Gateway, Reina-Valera 1960 — Marcos 10:46-52
- Bible Gateway, Reina-Valera 1960 — Mateo 16:13-17
- Bible Gateway, Reina-Valera 1960 — Juan 1:44
- Encyclopaedia Britannica — Gospel According to Mark
- Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos XVIII (trad. Whiston)