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OpiniónAnálisis

Jesús existió: lo que prueba la historia y lo que no

El capítulo VI de Mitos Populares Sobre Jesús, de Bryan Albariño, reúne a investigadores cristianos, judíos y agnósticos que dan por sentada su historicidad.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 3 min de lectura
Jesús existió: lo que prueba la historia y lo que no
Foto: Alyona Nagel / Pexels

Un reel asegura que los eruditos inventaron a Jesús. En un artículo en La Corriente, Bryan Albariño responde que Jesús existió y que hasta los agnósticos lo conceden. Y ese dato no lo hace tu Salvador.

El mito mezcla dos preguntas

El capítulo VI de Mitos Populares Sobre Jesús separa dos cosas que el video junta: sostener que Jesús existió no es lo mismo que creer que resucitó. Son preguntas distintas y necesitan argumentos distintos.

Albariño reúne a autores que no comparten credo: el agnóstico Bart D. Ehrman, autor de Did Jesus Exist?; el protestante N. T. Wright y el investigador judío Geza Vermes. Sus lecturas de Jesús chocan entre sí y, aun así, ninguno niega que haya existido.

«El dato histórico no salva a nadie; solo Cristo salva.»

— Samuel Ibarra

Y discutir cómo se leen los Evangelios o qué alcance tiene un relato no convierte a nadie en negador. El debate es real; la invención, no.

Me quedo con un detalle que me parece honesto. Albariño escribe que no sostiene que «porque tal o cual erudito afirme algo sobre Jesús, entonces, esto lo vuelve real». La existencia de alguien no se decide por votación de especialistas. Ese cuidado lo honra.

El dato histórico no salva a nadie

Aquí está mi objeción. Que un agnóstico acepte que Jesús existió no me acerca ni un paso al evangelio. Según La Corriente, Ehrman es agnóstico, y su defensa de la historicidad no exige adhesión al cristianismo.

La historia puede mostrarte que alguien vivió y que un movimiento nació alrededor de su nombre. No puede decirte que ese alguien te ama, te perdona o te salva. Eso se sostiene o se hunde con la resurrección. El dato histórico no salva a nadie; solo Cristo salva.

Pablo lo dijo sin adornos: «Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.» (1 Corintios 15:14, RVR1960).

Estudiar no te roba la fe

Me pregunto si el miedo a estudiar no delata una fe más frágil de lo que quisiéramos admitir. Entiendo el temor: uno abre un libro y piensa que va a salir de ahí creyendo menos. Pero la fe bíblica no es un salto al vacío.

«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.» (Hebreos 11:1, RVR1960).

Lucas contó que se informó con exactitud antes de escribir su relato (véase Lucas 1:3). Investigar no era pecado para él. Si tu fe se cae porque alguien te muestra una fecha o un papiro, el problema no era la fecha.

No hablo de dudar por moda, sino de pensar en serio. Se puede creer con la cabeza despierta, y creo que Dios no le teme a nuestras preguntas.

Tampoco hace falta creerle a un video. Cuando alguien te diga qué piensan los investigadores, revisa qué dicen de verdad: lee un capítulo, no un clip de quince segundos. Y si la duda te pesa, habla con tu pastor o con alguien que ya haya estudiado el tema sin miedo.

Un paso para esta semana: toma una fuente de verdad y léela completa, aunque no te guste lo que diga. La fe que sobrevive a las preguntas es la que está puesta en Cristo, no en un consenso académico. ¿Dejarías tu fe en manos de un video?

Fuentes

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