«Nadie es perfecto» no es excusa para no cambiar
Jackie Hill Perry, autora de Blameless, dice en RELEVANT Magazine que esa frase puede tapar el pecado o hundir al que quiere ser fiel.
Imagina el grupo pequeño: alguien confiesa su enojo y otra persona suelta «nadie es perfecto». En un artículo en RELEVANT Magazine, Jackie Hill Perry dice que esa frase puede convertirse en una excusa para no cambiar.
Dos caminos para la misma frase
Perry distingue dos orígenes. Si alguien solo quiere hacer su propia voluntad, la frase le sirve de salida: total, nadie llega a la perfección. Pero si la dice alguien que intenta ser fiel y ve sus fallos por todos lados, la misma frase lo hunde en la desesperanza. No es lo mismo excusarse que rendirse.
Ahí está el detalle que Perry señala en Romanos 7: muchos citan el lamento de Pablo y se detienen antes del final. «Expresa lo que Pablo dijo, pero no termina lo que Pablo dijo», afirma (traducción de Sígueme).
«Dicha con gracia, la frase consuela; dicha con pereza, tapa lo que Dios quiere sanar.»
El capítulo no cierra en derrota: «¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.» (Romanos 7:24-25, RVR1960).
Lo que acierta y lo que quiero añadir
Coincido con Perry en el centro. La santificación es real, no un adorno del evangelio, y también es obra de Dios.
Pablo se lo escribió a los corintios: «Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.» (1 Corintios 3:6, RVR1960). Eso quita dos cargas: ni tú produces tu propio crecimiento, ni puedes usar la frase como permiso para quedarte igual.
Un detalle doctrinal ayuda aquí. La justificación es un acto: Dios declara justo al que cree, y eso no cambia según tu rendimiento del día.
La santificación, en cambio, es un proceso: el Espíritu trabaja en ti durante toda la vida. Confundirlas produce dos extremos: el que se cree salvado por portarse bien, o el que cree que su falta no importa.
Me pregunto si los jóvenes leemos esta discusión con la pregunta equivocada. Unos temen volverse legalistas y entonces dejan de tomarse en serio el pecado. Otros se exigen tanto que viven cansados y con culpa.
Perry no pide perfección ahora. Reconoce que en este lado del cielo no es posible, y a la vez recuerda que Jesús nos llamó a ser perfectos: hay una meta hacia la que caminamos. Cambio real, sin actuación.
Su álbum se llama Blameless, y la palabra le llegó mientras oraba en un avión.
En una de sus canciones apunta a Juan 15, donde Dios poda las ramas que dan fruto para que den más. Ella cuenta que ha vivido correcciones constantes, y aclara que no salen del legalismo, sino del propósito del evangelio: ser formados a la imagen del Hijo.
Un paso pequeño para esta semana
Cuando Perry explica cómo se ve esto en lo diario, lo hace simple. Cada mañana hay nuevas misericordias. Las disciplinas espirituales ayudan a vivir como Jesús: si tienes diez minutos, ora diez minutos. Después, tomar los dos mandamientos más grandes y aplicarlos a lo que el día te ponga enfrente. Sin complicarlo.
Para un joven cristiano, la diferencia está en la dirección de la frase. Dicha con gracia, consuela a quien se odia por fallar. Dicha con pereza, tapa lo que Dios quiere sanar. Ninguna de las dos es el final: el final es Cristo, que libra del cuerpo de muerte y sigue dando crecimiento.
Te dejo la pregunta: ¿en qué te está llamando Dios a crecer esta semana? No para que te castigues, sino para que camines con él.