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Cristianos ante las fieras: mito o verdad

Los documentos romanos y los propios creyentes de los primeros siglos confirman que la condena existió.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 3 min de lectura
Cristianos ante las fieras: mito o verdad
Foto: Ludovic Delot / Pexels

Sí: en el Imperio romano hubo cristianos ante las fieras, condenados a morir por su fe. Lo dejó escrito Tácito, un historiador romano que no era creyente, y lo confirman otras voces de la antigüedad.

El veredicto es VERDAD. La afirmación circula en la iglesia y en la cultura popular, casi siempre mezclada con detalles mal contados. Vale la pena separar el hecho de fondo de las exageraciones que lo rodean.

Lo que quedó por escrito

Tácito, en sus Anales, cuenta que tras el incendio de Roma, en el año 64, Nerón señaló a los cristianos como culpables para desviar las sospechas. A algunos los entregó a los perros después de cubrirlos con pieles de fieras; a otros los ejecutó en cruces o los usó como antorchas para iluminar sus jardines. Suetonio, en su Vida de Nerón, también deja constancia de que los cristianos fueron castigados. Aquello pasó en el circo y en los jardines del emperador. El Coliseo todavía no existía.

Ignacio, obispo de Antioquía, escribió encadenado camino de Roma a comienzos del siglo II. En su carta a los Romanos pidió que nadie intentara evitar su muerte y confesó que deseaba ser echado a las bestias. El escrito se conserva.

En Cartago, hacia el año 203, bajo el emperador Septimio Severo, el procónsul Hilariano envió a las fieras a Perpetua, casada y con un bebé, que tenía alrededor de veintidós años, junto a la esclava Felicidad y otros compañeros. Los varones del grupo pasaron por un leopardo, un oso y un jabalí; a ellas les soltaron una vaca salvaje. Terminaron degollados.

En Lyon y Vienne, en 177, la carta que esas iglesias dirigieron a sus hermanos de Asia y Frigia, conservada por Eusebio, cuenta que a Maturo, Sancto, Blandina y Átalo los llevaron al anfiteatro para echarlos a las bestias. A Blandina, que era esclava, la suspendieron de un madero con las fieras alrededor y después la lanzaron frente a un toro. Junto a ella murió Pontico, un adolescente de quince años.

El Coliseo no fue el escenario

Britannica señala que no hay certeza de que la arena del Coliseo haya sido el lugar donde murieron los primeros cristianos, aunque mucha gente lo dé por hecho. Su inauguración se produjo en el año 80, ya con Tito como emperador, dieciséis años después del incendio de Roma.

Un artículo de la Universidad de Queensland revisa las ideas más repetidas sobre el tema y muestra que varias no se sostienen. Echar a alguien a las bestias era una forma de ejecución entre otras que usaba Roma, como la decapitación y la hoguera, y también se aplicaba a reos que no eran creyentes.

Que fuera una pena común no borra el motivo. Contra los seguidores de Jesús se usó por causa de su fe, y eso lo dicen tanto los creyentes que la sufrieron como los autores romanos que miraron los hechos desde fuera.

Cómo reconocer una versión inflada

Las historias parecidas fallan casi siempre en el mismo punto: cambian el escenario, inflan los números o borran a los testigos. Cuando una narración de mártires te llegue por redes, revisa tres cosas. Si nombra fuentes antiguas y no solo un «se dice». Si distingue el hecho de fondo del detalle discutible. Y si los nombres y los lugares se pueden rastrear.

Hebreos 11:35-38 ya describía a quienes prefirieron el sufrimiento antes que negar a Cristo, y menciona a los que lo hicieron «a fin de obtener mejor resurrección» (Hebreos 11:35, RVR1960). Apocalipsis 6:9-11 muestra a los muertos por la palabra de Dios clamando bajo el altar, y Apocalipsis 2:10 resume su esperanza: «Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.» (Apocalipsis 2:10, RVR1960)

Los relatos de mártires no son leyenda inventada siglos después: los escribieron los propios creyentes de los primeros siglos, y los confirman autores romanos que no compartían su fe. Deberías terminar más seguro de la Biblia y del testimonio cristiano, no con dudas. Si vas a compartir una historia así, comparte también de dónde sale. Y cuando seguir a Jesús te cueste algo, pregúntate qué esperanza te sostiene.

Fuentes

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