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Biblia en 5: Marcos 6:45-52 — Yo soy, no temáis

Los discípulos reman toda la noche contra el viento; el mismo que repartió el pan llega caminando sobre el agua.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 3 min de lectura
Biblia en 5: Marcos 6:45-52 — Yo soy, no temáis
Foto: Atlantic Ambience / Pexels

Marcos 6:45-52 cuenta la noche más larga de los discípulos. Lo narra el Evangelio de Marcos, el más corto de los cuatro, y su centro es una voz sobre el agua: «¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!».

Pan repartido y una barca en contra

Poco antes, Jesús había alimentado a más de cinco mil personas con cinco panes y dos peces (Marcos 6:30-44). Los discípulos estuvieron ahí. También lo habían visto calmar una tormenta, dos capítulos atrás. En el versículo 45 él los manda cruzar hacia Betsaida mientras despide a la multitud.

El viento les pega de frente. Reman toda la noche, y el evangelista anota que lo hacían «con gran fatiga» (Marcos 6:48, RVR1960). Al filo de la madrugada Jesús se acerca caminando sobre el agua. Ellos piensan que es un fantasma y gritan de miedo. Él responde, sube a la barca y el viento se detiene.

«Él va hacia el que rema, habla primero y sube a la barca.»

— Samuel Ibarra

La iglesia antigua unió este evangelio con Pedro. Papías, citado por Eusebio de Cesarea, contó que Marcos recogió con cuidado lo que su maestro recordaba, sin seguir un orden estricto. El libro se escribió para creyentes de origen pagano y se suele fechar entre los años 50 y 70 d. C.

El «yo soy» que suena a Éxodo

La respuesta de Jesús traduce el griego egó eimi. Podía oírse como un simple «soy yo», pero hace eco del nombre que Dios le dio a Moisés en la zarza: «YO SOY EL QUE SOY» (Éxodo 3:14, RVR1960). En Job 9:8 se dice del Señor que «anda sobre las olas del mar». Marcos lo deja sonar, sin explicarlo.

El pasaje también contesta por el otro lado: «Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones» (Marcos 6:52, RVR1960). La dureza no estaba solo en la orilla. Estaba dentro de la barca, en hombres que minutos antes repartían pan multiplicado.

Ahí asoma el evangelio. La gracia no se recibe por haber entendido bien. Él va hacia el que rema, habla primero y sube a la barca. El asombro llega después; no es el requisito de entrada.

Al desembarcar en Genesaret, la gente de la comarca trae enfermos en camillas y le ruega tocar al menos el borde de su manto (Marcos 6:53-56).

Tu fatiga también es el lugar donde él llega

Si estudias y las notas no suben, si mandas solicitudes y nadie contesta, o si en casa nada cambia, tienes algo en común con esos hombres: remas cuando ya no queda fuerza. El relato no dice que soltaran los remos para merecer ayuda. Seguían cansados, y así los alcanzó.

Tres cosas concretas. No midas su presencia con tus resultados: se puede ver un milagro y seguir duro por dentro (versículo 52). Él habla antes de que te calmes, no cuando ya todo está en orden. Y trae tu cansancio, no tu rendimiento.

Esta semana, cuéntale a alguien de confianza eso que nunca dices delante de otros, o empieza el día leyendo este pasaje en la Biblia.

¿Cuál es la tormenta que te tiene remando hoy, y qué te cuesta creer que él llega en medio de ella, no cuando ya está en calma?

Fuentes

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