El Salmo 119 enseña cómo responder a la Palabra de Dios
Nancy DeMoss Wolgemuth repasa el Salmo 119 y muestra que conocer la Biblia no basta: también hay que obedecerla.
El 25 de septiembre de 2026, el podcast Aviva Nuestros Corazones dedicó su episodio a nueve maneras de responder a la Palabra de Dios. La maestra bíblica Nancy DeMoss Wolgemuth las extrajo del Salmo 119, y la presentadora Débora de Rivera recordó que el salmo repite 29 veces el mandato de guardarla.
Aprenderla no es lo mismo que obedecerla
La primera respuesta es aprenderla. Nancy leyó el Salmo 119:9 (RVR1960): «¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.» Aprender, dijo, es conocer. Y nadie puede obedecer lo que no conoce. Esa es, según ella, una razón por la que muchos creyentes no crecen: no leen.
Sobre la lectura, Nancy trajo una reflexión de su amigo Randy Alcorn: los jóvenes crecen rodeados de pantallas y muchos saben leer, pero no leen nada serio. A ella le preocupa que quienes dirigirán las iglesias no conozcan las Escrituras. Por eso pidió a las madres y abuelas que animen a sus hijos a leer.
«La obediencia no es un mérito propio ni una carga, sino la respuesta de quien recibió gracia.»
Le siguen otras respuestas: buscar la Palabra de Dios, escoger sus caminos, recordarla sin olvidarla y volverse a ella en vez de apartarse. Nancy leyó el Salmo 119:11 (RVR1960): «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.» Volverse, explicó, es arrepentimiento: considerar los propios caminos y dirigir los pasos hacia Dios otra vez.
Cantarla, recordarla y meditarla
Cantar también es una forma de responder. Nancy recordó a Pablo y Silas cantando himnos en la prisión de Filipos, en Hechos 16, y a una madre que compuso melodías para que sus hijos memorizaran el Salmo 119. La música, dijo, ayuda a que la Palabra se quede en la memoria.
La meditación también aparece. Leyó el Salmo 119:97 (RVR1960): «¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.» Anunció que dedicaría el siguiente programa a este tema, porque es una de las respuestas clave.
Guardar: la respuesta que se repite
La respuesta que más se repite en el salmo es guardar la Palabra. Nancy la comparó con guardar un pacto: Dios cumple el suyo y llama a su pueblo a cumplir el suyo. «Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón», dice el Salmo 119:34 (RVR1960).
Su pregunta fue incómoda: ¿cuántas cosas que sé de la Palabra de Dios no estoy obedeciendo? Puso como ejemplo el perdón: sé que debo perdonar, pero puedo guardar amargura. Conocer no basta.
También puso un límite claro. Solo Cristo guardó la ley a la perfección. Por eso la obediencia no es un mérito propio ni una carga, sino la respuesta de quien recibió gracia y depende del Espíritu Santo.
Hoy puedes dar un paso concreto. Lee un capítulo del Salmo 119 y pregúntate qué te está pidiendo Dios obedecer. Si hay un mandato que llevas tiempo ignorando —perdonar, pedir perdón, ordenar tus hábitos— empieza por ahí. La obediencia de corazón no te gana nada: muestra que ya le perteneces.