No le grites a la IA: te estás entrenando
El 71 % de los británicos y el 67 % de los estadounidenses dicen «por favor» a la IA, según una encuesta de 2024.
Le pides a un chatbot que te termine la tarea. ¿Le grites a la IA o le das las gracias? En The Gospel Coalition, Pete Killingley se pregunta si hace falta decir «por favor» y «gracias» a los chatbots.
Killingley cita una encuesta de 2024: el 67 % de los estadounidenses y el 71 % de los británicos dicen que usan esas palabras con la IA.
También recuerda que en 2018 Amazon añadió una función para que Alexa respondiera mejor cuando un niño decía «por favor». Varios padres habían temido que dar órdenes a gritos a esos aparatos estuviera volviendo groseros a sus hijos.
«La IA no es tu prójimo. Tu mamá sí.»
Su propia respuesta no es la que esperarías de un británico: no insulta a la IA, pero tampoco le dice «por favor». La trata como herramienta, no como amiga. Cuando le pidió a ChatGPT un resumen de su historial, el sistema lo describió como «transaccional», «directo» y «pragmático» (traducción de Sígueme). Me parece una foto bastante honesta.
Acierta al mirar primero hacia dentro
El primer principio de Killingley es la formación: ¿en quién me estoy convirtiendo? Ese es el punto más fuerte del artículo. La pantalla despersonaliza, y por eso escribimos cosas que jamás diríamos a la cara.
Él aplica ahí Santiago 3:9-10, y el texto cae como piedra: «Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios» (Santiago 3:9, RVR1960).
Creo que tiene razón. Los modelos de lenguaje están diseñados para sonar como un compañero de trabajo, y esa ilusión nos invita a soltarnos. Si trato a un chatbot con desprecio, estoy ensayando el desprecio.
Y lo que ensayo en privado no se queda en privado: sale en el chat del grupo, en el comentario de la publicación, en la mesa de la casa.
Gálatas lo dice sin rodeos: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gálatas 6:7, RVR1960).
Aquí también hay un detalle para los padres. La preocupación de 2018 por los niños y Alexa no era exagerada; era intuición. Los chicos copian el tono de la casa, incluso el tono con el que se le habla a una bocina.
El punto flojo: todavía no dice qué es la IA
Killingley llama a no antropomorfizar, y menciona que una encuesta encontró que el 25 % de la generación Z ya cree que ChatGPT es consciente. Buen dato. Pero se queda corto al definir el asunto.
Para él, todo termina en una decisión de sabiduría personal, y ahí pierde filo. Yo lo diría con más claridad: la IA no es prójimo. No tiene alma, no tiene conciencia, no fue hecha a imagen de Dios.
Por eso hablarle bien no cumple un deber hacia la máquina. Es disciplina para mí. No le hablo bien porque me escuche, sino porque me estoy escuchando a mí mismo.
Me pregunto además por lo que el artículo no toca: quién entrena esos modelos, con qué información, quién gana dinero con cada respuesta y a quién le cuesta el empleo.
Tratar la IA solo como herramienta puede volverse tan ingenuo como tratarla como amiga. Es útil, no es neutral.
Qué haces tú con el teclado
Si tienes 18, 25 o 30 años, tu vida con la IA ya empezó: tareas, correos, currículums, planes de negocio, hasta borradores de mensajes para esa persona que te gusta. La pregunta no es si vas a usarla, sino qué hábitos te está dejando.
Haz una prueba esta semana. Abre tu historial de conversaciones y míralo como si fuera una conversación con una persona. ¿Escribes con claridad o con desprecio? ¿Pides ayuda o exiges?
No se trata de rendirle pleitesía a un programa. Se trata de que el mismo que te oye en el chat te oye cuando tu mamá te pide bajar la basura y le contestas de mal humor.
La IA no es tu prójimo. Tu mamá sí. Y el tono que practicas en la pantalla es el tono que llevas a la cocina.
¿Cómo le escribes hoy a un chatbot y cómo le contestas a quien te habla desde la puerta de tu cuarto?