María Magdalena no era prostituta: el mito de 1.400 años
En 591 un papa unió a tres mujeres de los evangelios en una sola, y el arte completó la confusión.
¿Cuántas veces escuchaste que María Magdalena era prostituta? La idea está tan metida en la cultura que casi nadie la cuestiona. Pero los evangelios no la presentan así, según Encyclopaedia Britannica.
Un papa, tres mujeres y un cuadro
El error tiene fecha. En el año 591, el papa Gregorio Magno predicó la homilía 33 y fundió en una sola figura a tres mujeres que los evangelios presentan como distintas. La primera es María Magdalena, a quien Jesús liberó de siete demonios (Lucas 8:1-3). La segunda, una mujer anónima, conocida en la ciudad como pecadora, que le ungió los pies a Jesús en la casa de un fariseo llamado Simón (Lucas 7:36-50). La tercera, María de Betania, la hermana de Lázaro (Juan 12:1-8).
A la mezcla se sumó el arte. Los pintores de la «Magdalena penitente» la mostraron con el cabello suelto y un frasco de perfume, detalles que en realidad venían de otra figura, María Egipcíaca. Del retrato de una «pecadora» al de una prostituta hubo un paso corto, y la imaginación popular lo dio sin preguntar.
«Una mujer rescatada por gracia, sostén de la misión y primera testigo de la resurrección.»
Lo que el texto sí dice de ella
Lucas la presenta como discípula: Jesús la sanó y ella respondió sosteniendo la misión con sus propios bienes, junto a otras mujeres (Lucas 8:1-3). El texto dice: «María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios» (Lucas 8:2, RVR1960). Un pasado de opresión, no de prostitución.
También estuvo cerca en la hora difícil. Los evangelios la sitúan mirando de lejos la crucifixión y viendo dónde ponían el cuerpo de Jesús (Marcos 15:40, 47). Al tercer día llegó al sepulcro de madrugada y fue la primera en encontrarlo vivo (Juan 20:1, 11-16). Jesús la llamó por su nombre, y ella corrió a contarlo: «Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor» (Juan 20:18, RVR1960).
Ningún pasaje dice que ejerciera la prostitución. Tampoco es la adúltera de Juan 8:1-11, y su historia no tiene que ver con el sexo. La identificación equivocada se mantuvo siglos, hasta que se corrigió: la revisión litúrgica de 1969 deshizo esa mezcla, y en 2016 el Vaticano la reconoció por lo que el texto bíblico dice de ella, según su decreto del 3 de junio. El dato importa porque muestra que ni las fuentes del propio mito lo sostienen ya.
Etiquetas que todavía pesan
El mito no se quedó en los libros. Pasó a las predicaciones, a las clases de escuela dominical, al cine y a las series, y de ahí salió el dicho de «esa era una Magdalena». Detrás hay algo más serio: a la mujer con un pasado difícil todavía se le mide distinto, se le confía menos un liderazgo y se duda antes de dejarla enseñar o servir.
¿Y si revisamos nuestras propias etiquetas? Antes de repetir algo sobre alguien, pregunta de dónde sale el dato. Si dos pasajes hablan de dos personas distintas, no las unas. Si una etiqueta no aparece en el texto, sospecha de ella. Ese ejercicio te protege de repetir un error de catorce siglos.
La historia real de Magdalena es mejor que el mito: alguien a quien la gracia sacó de la oscuridad, que sostuvo con sus bienes el ministerio de Jesús y que fue la primera en ver al Resucitado. Piensa hoy en alguien a quien hayas dejado de creer por lo que hizo antes. ¿Qué cambiaría si lo miraras como Jesús la miró a ella?
Fuentes
- Encyclopaedia Britannica, «St. Mary Magdalene»
- Bible Gateway, Lucas 8:1-3 (Reina-Valera 1960)
- Bible Gateway, Lucas 7:36-50 (Reina-Valera 1960)
- Bible Gateway, Marcos 15:40-47 (Reina-Valera 1960)
- Bible Gateway, Juan 20:1-18 (Reina-Valera 1960)
- Coalición por el Evangelio, «¿Qué debemos saber sobre María Magdalena? Mitos y verdades»
- Congregación para el Culto Divino, decreto del 3 de junio de 2016
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