La redención completa espera la resurrección
El estado intermedio no es el final: la salvación se consuma cuando Cristo vuelve y recibimos un cuerpo glorificado.
¿Cuándo se completa la redención completa? Según un artículo de Coalición por el Evangelio, muchos creyentes suponen que todo termina al morir. La Biblia muestra otra meta.
Un estado intermedio, no el final
El autor del artículo, Samuel García, señala que la muerte no cierra la historia de la salvación. Quien muere en Cristo va a la presencia de Dios y descansa de un mundo caído, pero ese tiempo sigue siendo una espera. La teología llama «estado intermedio» al período entre la muerte de una persona y la segunda venida de Cristo.
En Apocalipsis 6:9-11, Juan ve las almas de quienes murieron por la Palabra de Dios. Ellas claman: «¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?» (Apocalipsis 6:10, RVR1960).
«La redención completa de la persona llega con la resurrección del cuerpo.»
La respuesta que reciben es que descansen todavía un poco, hasta que se complete el número de sus hermanos. García afirma que ese clamor revela que los creyentes muertos esperan que Dios siga obrando en favor de su pueblo.
Conviene distinguir dos cosas. Cuando Jesús dijo «Consumado es» (Juan 19:30, RVR1960), pagó por completo el precio de nuestra redención, y quien cree en Él ya es perdonado y justificado. Lo que aún no recibe es la redención completa de su persona: la restauración de todo su ser.
Por qué el cuerpo importa
García vuelve al principio de la Biblia para explicarlo. Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida, «y fue el hombre un ser viviente» (Génesis 2:7, RVR1960). El ser humano es la unión de una parte material y una inmaterial.
El pecado trajo la muerte, que separa esas dos partes. El cuerpo vuelve al polvo y el espíritu vuelve a Dios que lo dio (véase Eclesiastés 12:7). Por eso la salvación incluye reunir de nuevo el alma y el cuerpo, y eso ocurre en la segunda venida de Cristo.
Pablo lo escribe así: «Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad» (1 Corintios 15:53, RVR1960). Los creyentes gemimos esperando la adopción, es decir, la redención de nuestro cuerpo (véase Romanos 8:23).
La encarnación y la resurrección corporal de Jesús confirman que lo físico importa a Dios. Si el propósito redentor no incluyera el cuerpo, explica García, no habría razón para que el Hijo de Dios se hiciera hombre.
La meta: ser como Cristo
Pablo enseña que la meta de la vida cristiana es llegar a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (véase Efesios 4:13). Eso abarca a la persona entera. Mientras no tengamos un cuerpo nuevo, no podemos reflejar del todo la imagen del Cristo resucitado.
Por eso la glorificación es el momento final de nuestra redención, sostiene García. Él anima a dirigir el mayor anhelo hacia la segunda venida del Señor y a enseñar estos temas así en las iglesias.
Mientras esperas ese día, deja que la esperanza de la resurrección ordene tus prioridades. Cuida tu cuerpo, porque Dios lo creó y lo va a restaurar. Vive hoy con la mirada puesta en Cristo, sabiendo que la mejor parte de tu salvación todavía está por venir.