Saltar al contenido
Sígueme.Magazine
Donar

Síguenos

«Ven, sígueme.» — Mateo 4:19

English

¿Los evangelios del siglo I o 300 años después?

Ninguna datación seria coloca los cuatro evangelios en el siglo IV, ni siquiera la de quienes niegan que sean palabra de Dios.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 4 min de lectura
¿Los evangelios del siglo I o 300 años después?
Foto: Ezeguna_graphy Sulaiman muhammad / Pexels

Hay una frase que se repite: que los evangelios se escribieron 300 años después de Jesús. La Encyclopaedia Britannica, en cambio, coloca los evangelios del siglo I entre las décadas del 60 y el 100.

Dos fechas que no son la misma

Quien repite la frase mezcla dos fechas: el año en que se escribieron los cuatro evangelios y el año en que la iglesia los reconoció como Escritura. Los libros son del siglo I; las listas del canon llegaron después. De ahí la impresión de un texto tardío.

Haz la cuenta. La crucifixión ocurrió alrededor del año 30. Si los evangelios hubieran esperado 300 años, hablaríamos del 330, en pleno siglo IV. Ninguna datación que manejen hoy los especialistas llega tan lejos, ni siquiera las de autores que rechazan que estos libros vengan de Dios.

«Entre Jesús y sus evangelios pasaron décadas, no siglos.»

— Samuel Ibarra

Papiros, citas y autores del siglo II

Britannica ordena las fechas. El más antiguo de los cuatro es Marcos, también el más breve, y lo coloca en los años previos a la destrucción de Jerusalén, antes del 70. Mateo escribió en griego algo después del 70 y tuvo delante el texto de Marcos.

Con Lucas las cosas son menos claras: hay quienes lo colocan entre el 63 y el 70, y otros un poco después. Juan cierra la serie, hacia el año 100 y probablemente desde Éfeso.

Bart Ehrman niega que estos textos sean inspirados y aun así fecha a Marcos cerca del 70, a Mateo y a Lucas entre el 80 y el 85, y a Juan entre el 90 y el 95. Ni con sus fechas se llega al siglo IV.

La biblioteca de la Universidad de Manchester guarda un papiro diminuto: mide menos de 9 centímetros por 6 y lleva, en una cara, Juan 18:31-33; en la otra, Juan 18:37-38. Quien lo publicó por primera vez lo situó entre el 100 y el 150; estudios posteriores lo acercan al 200.

Aun con la fecha más tardía quedamos a más de un siglo del 330. Y como es una copia y no el original, Juan tuvo que escribirse antes y llegar hasta Egipto, donde apareció el fragmento.

El papiro P45 apunta igual: un códice del siglo III que conserva juntos los cuatro evangelios y Hechos, con hojas en la Chester Beatty de Dublín y en la Biblioteca Nacional de Austria.

Los autores cristianos del siglo II tampoco cuadran con esa idea. Al final de ese siglo, Ireneo de Lyon nombra los cuatro evangelios uno por uno. Según él, Mateo dio a conocer su relato mientras Pedro y Pablo predicaban en Roma, antes de morir bajo Nerón, recuerda Eusebio citando a Origen.

Suma que Marcos escribió la predicación de Pedro, que Lucas hizo lo propio con la de Pablo y que Juan publicó el suyo en Éfeso. De joven, Ireneo escuchó a Policarpo, que había sido discípulo del apóstol Juan.

Hacia la mitad del siglo II, Justino Mártir los llama «memorias de los apóstoles» y cuenta que cada domingo se leían junto a los profetas. Al inicio de ese siglo, Papías —Eusebio lo ubica en la época de Trajano— ya habla de Marcos y de la predicación de Pedro.

Cómo reconocer la próxima frase parecida

Antes de aceptar o repetir una frase así, pregunta qué se está fechando: ¿el libro, la copia, la lista del canon o la decisión de un concilio? La fecha de una copia no es la fecha del original.

El propio texto dice algo que encaja con esas fechas. Lucas escribe que el relato llegó «tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos» (Lucas 1:2, RVR1960). No habla de un relato recibido siglos después: habla de testigos consultados.

Juan cierra el suyo con la misma lógica: «Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre» (Juan 20:31, RVR1960).

La próxima vez que alguien suelte la frase, no necesitas discutir de oídas. Entre Jesús y sus evangelios pasaron décadas, no siglos. Comparte esto con quien te la repitió y pregúntale qué pensaría si los relatos están más cerca de los hechos de lo que suponía.

Fuentes

Comparte esta nota

Síguenos también en redes

@SiguemeMagazine en todas: videos, noticias del día y comunidad.