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¿Es pecado celebrar Halloween? Lo que dice la Biblia

Una encuesta del National Retail Federation estima que el gasto en Halloween en Estados Unidos llegaría a 13 500 millones de dólares este año.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 4 min de lectura
¿Es pecado celebrar Halloween? Lo que dice la Biblia
Foto: Sergey Platonov / Pexels

Este año los estadounidenses gastarían 13 500 millones de dólares en Halloween, según una encuesta del National Retail Federation publicada el 22 de septiembre de 2026. Y ahí vuelve la pregunta de cada octubre: ¿es pecado celebrar Halloween?

Tres de cada cuatro encuestados dicen que piensan celebrar, y casi la mitad comenzó a comprar en septiembre o antes. En una casa hispana, además, el 31 de octubre llega pegado al Día de Muertos, el 1 y 2 de noviembre. El blog en español del seminario The Master's Seminary anota que esa cercanía hace chocar conciencias en iglesias multiculturales.

Ninguna fiesta aparece en la Biblia

Busca el término en una concordancia y no lo vas a encontrar. Halloween no está en la Biblia, y tampoco hay un versículo que declare pecado disfrazarse, tallar una calabaza o repartir dulces con los vecinos.

«En lo que Dios no manda ni prohíbe, la decisión es tuya delante de él»

— Samuel Ibarra

Deuteronomio 18 se lee cada octubre como si condenara la fiesta, y no es así. Israel estaba a punto de entrar a Canaán, y Dios le mostró las prácticas de esas naciones que no debía imitar: «ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas» (Deuteronomio 18:10-12, RVR1960). Lo prohibido es buscar poder, guía o respuestas en el ocultismo.

Sobre el origen conviene ser exacto. Los historiadores rastrean sus orígenes en Samhain, un festival celta antiguo, y explican que el término nació de «All Hallows' Evening», la vigilia del Día de Todos los Santos. Cuánto de eso sobrevive en los disfraces de hoy sigue en debate.

El 31 de octubre y tu conciencia

Pablo escribió a creyentes que peleaban por comidas y días festivos: «Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente» (Romanos 14:5, RVR1960). En lo que Dios no manda ni prohíbe, la decisión es tuya delante de él.

De ahí salen dos conclusiones incómodas para los dos bandos. Quien se abstiene no puede llamar menos cristiano al que participa, ni quien participa puede despachar como legalista al que se queda en casa (Romanos 14:10).

Recuerda también quién manda esa noche: Cristo «despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz» (Colosenses 2:15, RVR1960). Ningún disfraz tiene poder sobre ti.

Dónde termina tu libertad

Tu libertad termina donde empieza el mal, y donde empieza el daño a otro. Nada de celebrar abiertamente la muerte, el sadismo o la sensualidad; nada de tarot, adivinos o espiritismo; nada de usar la noche como excusa para embriagarse. «Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas» (Efesios 5:11, RVR1960).

También hay un límite que incomoda: «Todo me es lícito, pero no todo conviene» (1 Corintios 10:23, RVR1960). Si tu primo, tu compañero de clase o un amigo recién convertido tropieza al verte ahí, el amor pesa más que tu derecho (1 Corintios 8:13).

Los dos extremos enferman la fe: el legalismo convierte en mandato lo que Dios no mandó, y la liviandad usa la libertad como permiso para lo que la Biblia llama pecado.

Antes de decidir, revisa cuatro cosas:

  • Si el propósito de esa salida es honrar a Dios o solo no quedar fuera del grupo.
  • Si tu conciencia queda en paz o te está acusando, porque «todo lo que no proviene de fe, es pecado» (Romanos 14:23, RVR1960).
  • Si alguien que quieres puede tropezar por verte ahí.
  • Qué están viendo de Cristo los que te rodean: «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16, RVR1960).

No tienes que resolverlo solo. Habla con tu pastor y con tu familia, y decide con la Biblia abierta. Y si tu iglesia ese 31 de octubre hace un culto de Reforma o una fiesta de otoño para los niños del barrio, súmate: se puede estar en la ciudad sin imitar todo lo que la ciudad celebra.

¿Cómo lo resolvió tu familia o tu grupo pequeño, y con qué criterio? Cuéntalo en los comentarios.

Fuentes

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