El Verbo de Dios no comenzó en Belén
Juan llama al Verbo de Dios antes de la creación, y eso cambia a quién le oras.
¿Jesús fue solo un buen maestro? El evangelio de Juan empieza antes de Belén: llama al Verbo de Dios «en el principio», cuando todavía no existía nada creado. Y eso cambia a quién le oras.
Era, no llegó a ser
Juan 1:1 dice: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1, RVR1960). La palabra griega que se traduce «Verbo» es logos, y varias versiones la vierten como «Palabra». El idioma no es el asunto; lo que Juan afirma sí lo es: el Verbo ya estaba ahí.
Fíjate en el tiempo del verbo: «era». No dice que llegó a ser, ni que fue hecho. Si Jesús hubiera comenzado a existir en un pesebre, sería una criatura admirable, pero incapaz de sostenerte cuando todo se cae. Juan lo presenta antes de la primera mañana.
«No seguimos a un hombre que se volvió Dios; seguimos al Hijo que vino a mostrarnos al Padre.»
Y añade que estaba «con Dios». Hay ahí una relación, una comunión que existía antes de que hubiera seres humanos para mirarla. No seguimos a un hombre que se volvió Dios; seguimos al Hijo que vino a mostrarnos al Padre.
Todo lo que existe pasó por sus manos
«Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (Juan 1:3, RVR1960). La frase no deja escape: el Verbo no es parte del inventario de lo creado, es quien lo hizo.
Eso tiene consecuencias el lunes. Si el Verbo creó todo, tiene autoridad sobre todo: tus estudios, tu trabajo, tu dinero, tus amistades y también la ansiedad que no le cuentas a nadie. No gobierna solo los templos.
Cuando entiendes que el mismo que formó las galaxias conoce a cada persona por nombre, cambia el tono de tu oración. No le hablas a una idea noble ni a un maestro muerto al que citas con respeto. Le hablas al Creador que sostiene lo que hizo.
La vida no es un logro, es una Persona
Juan escribe: «En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» (Juan 1:4, RVR1960). La vida no está en el Verbo como algo prestado; le pertenece. Y nosotros la buscamos donde no está: en el éxito, en los seguidores, en la aprobación de alguien, en la siguiente meta.
Todos probamos ese camino. Funciona unas semanas y luego pide más. La raíz es más honda que la falta de disciplina: Pablo explica que la mente puesta en la carne no se sujeta a Dios, y ni siquiera puede (véase Romanos 8:7-8). El problema no es que te falte motivación, sino que estás en tinieblas y necesitas luz.
Por eso la salvación es gracia y no esfuerzo. No te salvas por ser buen estudiante, buen hijo o buen cristiano. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y de verdad (véase Juan 1:14). Cuando esa luz entra, dejas de maquillar tu vida y empiezas a agradecer.
Abre tu Biblia en Juan 1 y lee del versículo 1 al 18 sin prisa. Escribe a qué nombre te suena Jesús cuando oras. Y responde con honestidad: si el Verbo era en el principio y todo se hizo por él, ¿qué lugar le das esta semana?