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El día perdido de Josué: la NASA nunca lo encontró

La NASA desmintió por escrito en los años sesenta que sus computadoras hallaran un día faltante; el relato se armó después.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 3 min de lectura
El día perdido de Josué: la NASA nunca lo buscó
Foto: Jason Pittman / Pexels

Cada tanto vuelve por WhatsApp la misma cadena: la NASA habría encontrado el día perdido de Josué. No es cierto, y la propia agencia lo aclaró hace sesenta años, como verificó Chequeado en 2018.

El veredicto: mito

La historia suena a documento. Según el relato, unas computadoras del centro Goddard de la NASA, en Greenbelt (Maryland), se atascaron porque a sus cálculos les faltaban 23 horas y 20 minutos. Ese hueco sería el día largo de Josué.

Los 40 minutos que faltaban saldrían del reloj de Acaz, en tiempos del rey Ezequías. Súmalos y da un día completo. Ahí está el truco: una cifra que cierra perfecto suele delatar que alguien la armó para que cerrara.

«Ninguna agencia firma los milagros de Dios.»

— Samuel Ibarra

La NASA respondió por escrito en los años sesenta que ese hallazgo nunca salió de sus oficinas. La cadena sigue circulando igual: la reenvía algún familiar o alguien del grupo de oración, en diapositivas y videos con música épica.

De un instructor de Yale a un vendedor de generadores

El rastro tiene tres nombres y ninguno es astrónomo. Primero vino Charles A. L. Totten, que enseñaba táctica militar en Yale: en 1890 publicó «Joshua's Long Day and the Dial of Ahaz» y fechó la batalla de Gabaón con su propia cronología.

En 1936, Harry Rimmer retomó la idea en «The Harmony of Science and Scripture» y le añadió un astrónomo escéptico que se convertía al ver los números.

Décadas después llegó Harold Hill, cuya empresa se ocupaba en los años sesenta de los generadores eléctricos de Goddard. Él actualizó la historia y le añadió computadoras e IBM. La contó en cuanta escuela lo invitó y la publicó en un libro en 1974.

Nunca fue asesor de la NASA, su empresa no hacía cálculos orbitales y él mismo reconoció que no había visto nada. Los 40 minutos aparecen cuando alguien lee «diez grados» como grados de un círculo; las 23 horas y 20 minutos se eligieron para que la suma diera 24, según Snopes.

Lo que la Escritura dice de verdad

Esto es lo que sostiene la cadena: la Biblia sí narra algo extraordinario. «Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero» (Josué 10:13, RVR1960). Y en el relato del rey Ezequías, la sombra retrocede diez grados en el reloj de Acaz (2 Reyes 20:9-11).

El texto no da horas, ni minutos, ni instrumentos, ni un certificado de laboratorio. Da algo más grande: «Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel» (Josué 10:14, RVR1960).

Ninguna agencia firma los milagros de Dios. Él detuvo el sol sin pedirle permiso a computadora alguna. Lo que vuelve pegajosa la historia es que trae siglas, cargos y un nombre propio que suenan a expediente, y promete ganar de un golpe la discusión contra la ciencia.

También ayuda que tenga una media verdad adentro. Por eso se cuenta desde el púlpito como si un ingeniero de la NASA lo hubiera confirmado.

Para reconocer afirmaciones parecidas, mira tres señales: cifras que cierran exacto, autoridad prestada de alguien que nunca dijo nada, y cadenas que no enlazan al documento original.

Antes de reenviar el próximo dato que «prueba» tu fe, busca el documento. Si no aparece, no lo compartas: la credibilidad que se pierde no es la de la cadena, sino la del mensaje. ¿Qué historia de este tipo te contaron y después resultó falsa?

Fuentes

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