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Caravana migrante: las cifras no borran los rostros

La Opinión reporta que más de 400 centroamericanos entraron a México por Tapachula mientras los cruces irregulares caen a mínimos de tres décadas.

Por Gabriela Treviño · Dos Tierras
· 3 min de lectura
Caravana migrante: las cifras no borran los rostros
Foto: General Kenobi / Pexels

Una caravana migrante de más de 400 centroamericanos entró a México por Tapachula, Chiapas, rumbo a Estados Unidos, informó La Opinión. Salieron de Honduras el domingo pasado, convocados por chats de WhatsApp.

El grupo se fue deshaciendo en el camino: el Instituto Guatemalteco de Migración contó poco más de 300 al paso por Guatemala. Desde 2018 se han registrado más de una decena de caravanas salidas de Honduras y El Salvador. No es un fenómeno nuevo, aunque cada una tenga su propia historia.

Lo que las cifras sí dicen

La Opinión reporta que los cruces irregulares y las aprehensiones bajaron hasta 94 % en el año fiscal 2025 y lo que va de 2026, hasta mínimos no vistos en tres décadas.

«Defender el orden migratorio no exige borrar el rostro de quien lo cruza.»

— Gabriela Treviño

Esa cifra proviene de los datos oficiales que publica la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha sido directo: «No habrá amnistía para inmigrantes. Ni ahora ni nunca». Y datos oficiales citados por La Opinión indican que más de 27 000 hondureños han sido deportados desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

¿Qué hace un joven cristiano con esto? Primero, no repetir lo que no puede verificar. Ni «invasión» ni desfile de víctimas: son 400 personas con nombre, entre ellas mujeres y niños, caminando 2 390 millas según la ruta que elijan.

Segundo, entender que la ley cambió. Quien llegue a Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez o Reynosa —las ciudades que menciona La Opinión— encuentra más seguridad; si es detectado, es trasladado a un centro de procesamiento y deportado, sin libertad temporal para esperar su cita con un juez. No sé qué decidirá cada persona al llegar, y no me toca juzgarla desde una pantalla.

Dos órdenes que no se contradicen

Aquí la Escritura me incomoda, en el buen sentido. Romanos 13 no deja espacio para despreciar la autoridad: «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas» (Romanos 13:1, RVR1960). El orden migratorio existe, y defenderlo no es pecado.

Pero Levítico 19 dice algo que no puedo archivar: «Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto» (Levítico 19:34, RVR1960).

Los dos textos conviven; ninguno cancela al otro. El error es elegir uno y usarlo como escudo para no pensar. Defender el orden migratorio no exige borrar el rostro de quien lo cruza.

De la pantalla al prójimo

¿Qué significa esto para alguien de veinte años que vive entre dos culturas? Que se puede mirar un mapa y, al mismo tiempo, un rostro. Que se puede respetar la ley de un país y seguir preguntando si esa ley trata a cada persona con la dignidad que le corresponde.

Y se puede hablar de migración sin convertir a nadie en estadística ni en enemigo.

Un paso concreto: antes de comentar la próxima noticia sobre caravanas, busca la cifra en el informe de CBP o del instituto migratorio del país del que se trate, y pregúntate qué harías tú si tu familia tuviera que salir mañana. No tienes que tener la respuesta. Solo no cierres los ojos.

Antes de compartir el próximo titular, pregúntate qué te empuja a hacerlo: ¿informar o ganar la discusión?

Fuentes

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