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Pastores hispanos se movilizan con misiones diáspora

Una red de misiones hispanas moviliza pastores y líderes en el área metropolitana de Nueva York, informó Baptist Press.

Por Gabriela Treviño · Dos Tierras
· 3 min de lectura
Pastores hispanos se movilizan con misiones diáspora
Foto: RDNE Stock project / Pexels

Baptist Press informó que el Colectivo de Misiones Diáspora moviliza a pastores hispanos y líderes de iglesias en el área metropolitana de Nueva York. Y para muchos jóvenes hispanos, esa misión no es teoría: empieza a dos calles de casa.

Una palabra que se mudó de casa

«Diáspora» viene del griego y nombra a un pueblo disperso, lejos de su tierra. Hoy nombra a familias que dejaron su país y viven en otro, muchas veces en tu mismo barrio.

En Estados Unidos y en México, esa realidad no es una estadística lejana. Es el compañero de trabajo, la señora de la tienda, el vecino del tercer piso. También es la iglesia que tiene enfrente a quien acaba de llegar y todavía no sabe cómo acercarse.

«Servir no requiere un título ministerial, sino atención.»

— Gabriela Treviño

Durante siglos, la misión cristiana significó cruzar océanos. Ese trabajo no ha terminado. Pero cuando la gente llega a tu ciudad, la geografía se invierte: el campo misionero queda a unas cuadras. No necesitas pasaporte ni una cuenta bancaria para empezar; necesitas ver a la persona que ya tienes enfrente.

Hay algo más: la misión diáspora no convierte a nadie en proyecto. La iglesia hispana también enseña, ora y envía. Eso es vocación, no caridad.

Hospitalidad antes que activismo

La Biblia lo dice con una sencillez incómoda: «No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles» (Hebreos 13:2, RVR1960). Hospitalidad no es montar un evento con logotipo. Es abrir la mesa, aprender un nombre y escuchar una historia sin corregirla.

Me preocupa cuando la fe se convierte en consigna. La iglesia no es un partido, ni una bandera, ni una marca. Cuando la hospitalidad se vuelve propaganda, deja de ser hospitalidad. Se mide mejor en platos lavados, en horas regaladas y en conversaciones que nadie va a subir a redes.

Tampoco es tarea de expertos. Cada creyente tiene una cuadra, un edificio, un salón de clases. La Biblia presenta a Dios como quien fija los tiempos y los límites donde vive cada pueblo (véase Hechos 17:26). Ahí donde te puso, ya hay alguien de otro país. Servir no requiere un título ministerial, sino atención.

Empieza con un nombre

Pensamos que ayudar al inmigrante pide un ministerio formal. Casi siempre empieza más pequeño. Esta semana, anota el nombre de una persona que llegó de otro país y que ves seguido. Ora por ella por su nombre, no por «los inmigrantes» en general. Luego salúdala y pregúntale de dónde viene.

Si te da miedo no saber qué decir, empieza por escuchar. La mayoría de la gente no quiere un discurso, quiere que alguien recuerde su nombre.

Si aparece una necesidad concreta —una mudanza, comida para la semana—, tu iglesia local puede acompañar mejor que tú solo. Si tu congregación ya sirve a vecinos migrantes, súmate. Si no, pregunta a tus líderes cómo empezar.

La misión no espera a que el país resuelva sus debates sobre migración. Empieza hoy, a dos calles, con un nombre y una silla libre. ¿A quién le vas a abrir la puerta esta semana?

Fuentes

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