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Biblia en 5: Marcos 7 — lo que contamina sale de ti

Marcos 7:1-23 confronta la tradición de los lavados y muestra que el mal brota del corazón, no del plato.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 3 min de lectura
Biblia en 5: Marcos 7 — lo que contamina sale de ti
Foto: Kampus Production / Pexels

Jesús soltó una frase que todavía incomoda: lo que contamina al hombre no entra por la boca. Sale del corazón. La escena está en Marcos 7:1-23, cuando una comisión de fariseos y escribas llegó desde Jerusalén a vigilar sus pasos, no a aprender de él.

Su queja no era contra la ley de Moisés, sino contra la tradición de los ancianos. Algunos discípulos comían sin lavarse las manos, y eso bastó para la condena. Jesús respondió con Isaías 29:13 y con un caso que dolía: el Corbán, esa costumbre de declarar un bien dedicado a Dios para quedar libre de sostener al padre o a la madre (Marcos 7:11-13).

El problema no está afuera

«Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre.» (Marcos 7:15, RVR1960)

«Dios no te pide una capa de pintura; te ofrece un corazón nuevo por gracia, en Cristo.»

— Samuel Ibarra

Jesús no rebajó la santidad: la llevó a su raíz. Los lavados y los alimentos puros eran señales de una limpieza más honda, la que nadie puede darse a sí mismo. Ya lo había anunciado Ezequiel: «Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias» (Ezequiel 36:25, RVR1960). Y Marcos anota que Jesús decía esto «haciendo limpios todos los alimentos» (Marcos 7:19, RVR1960).

Dios no se impresiona con la superficie. Se lo dijo a Samuel: «Jehová no mira lo que mira el hombre... Jehová mira el corazón» (1 Samuel 16:7, RVR1960).

La lista que nadie quiere leer

«Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos... la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.» (Marcos 7:21-23, RVR1960)

Esa lista no es un catálogo de casos extremos. Es un espejo. Jeremías lo dijo sin adornos: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9, RVR1960). Si el mal brota de dentro, ninguna capa de esfuerzo externo lo tapa. La salida no es maquillarse: es ser limpiado. Hebreos 9:14 apunta a la única agua que alcanza la conciencia, y no es agua: es la sangre de Cristo.

Un corazón nuevo, no una fachada

Vives ante dos públicos a la vez: tu familia y tu iglesia, y tus seguidores, tus chats y tu feed. Armar una fe de vitrina es sencillo. El versículo en la historia, el culto puntual, la playlist correcta. Por dentro, la envidia cuando a otro le va bien, la burla contra un compañero en el grupo privado, la mentira chica con tus papás. Marcos 7 dice que eso no son detalles: eso te contamina, y viene de ti. Dios no te pide una capa de pintura; te ofrece un corazón nuevo por gracia, en Cristo, y desde ahí reordena lo de afuera.

Un paso para esta semana. Abre tu celular y relee lo último que escribiste en tus chats. Mira qué clase de persona asoma ahí, sin filtros. Lleva eso a Dios tal como es, con nombres y sin excusas, y pídele un corazón limpio. Y cuidado con la trampa de los fariseos: hay costumbres de tu iglesia o de tu cultura que no son el evangelio, y hay mandatos claros de Dios que a veces tapamos con tradiciones cómodas. El criterio no es lo que hace tu grupo, sino lo que dice la Palabra.

Si nadie viera tus historias ni te escuchara cantar el domingo, y quedara solo lo que sale de tu corazón cuando nadie mira, ¿qué aparecería? ¿Estás limpiando la fachada o le has pedido a Cristo un corazón nuevo?

Fuentes

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