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Biblia en 5: Marcos 6 — Jesús en Nazaret

En su propio pueblo, el asombro por la enseñanza de Jesús se convirtió en rechazo: creían conocerlo demasiado.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 3 min de lectura
Biblia en 5: Marcos 6 — Jesús en Nazaret
Foto: José Antonio Otegui Auzmendi / Pexels

El evangelio de Marcos narra la visita de Jesús en Nazaret, su propio pueblo, y el resultado no fue el esperado. Lo escucharon con atención y terminaron ofendidos. Marcos 6:1-6 recoge la escena; Mateo 13:53-58 y Lucas 4:16-30 también la cuentan.

Asombro que acabó en escándalo

Era día de reposo. Jesús enseñaba en la sinagoga y muchos se admiraban (véase Marcos 6:1-3). Se preguntaban de dónde le venían esa sabiduría y esos milagros. Tropezaron con lo cotidiano: «¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?» (Marcos 6:3, RVR1960). Conocían su oficio y los nombres de su familia. Y se escandalizaron de él.

Él respondió con algo que suena a refrán del pueblo: «Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.» (Marcos 6:4, RVR1960).

«Dios no llegó en un palacio: creció en una aldea sin peso.»

— Samuel Ibarra

Después viene uno de los versículos más extraños del evangelio: «Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos.» (Marcos 6:5-6, RVR1960). No dice que le faltara poder. Dice que allí no hubo fe. Aun así sanó a algunos: su compasión no queda atada a un ambiente.

Quién lo escribió y para quién

Marcos es el relato más corto de los cuatro evangelios y se escribió en griego. Lo redactó Juan Marcos, un creyente de Jerusalén que caminó con Bernabé y Pablo, y después con Pedro, quien lo llamó «Marcos mi hijo» (1 Pedro 5:13, RVR1960). Papías, según Eusebio de Cesarea, contó que Marcos escribió lo que Pedro predicaba.

Sus primeros lectores fueron cristianos de Roma, en buena parte no judíos; por eso el libro aclara costumbres judías y traduce términos del arameo. Los estudiosos proponen los años 50 al 60, aunque bastantes lo sitúan en Roma entre el 64 y el 68, bajo Nerón. Marcos presenta a Jesús como el Hijo de Dios que vino a servir y a entregar su vida (véase Marcos 1:1; 10:45).

Antes de este pasaje, Marcos 5:21-43 reúne a Jairo y a la mujer con hemorragia, donde el temor cede ante la confianza. Más atrás, en 3:20-35, su propia familia salió a detenerlo. Y en 6:7-13 envía a los doce de dos en dos: la misión se abre a otros pueblos.

El Dios que tuvo vecinos

Dios no llegó en un palacio. Creció en una aldea sin peso, con un oficio común y vecinos que lo vieron crecer. Eso es la encarnación: el Hijo eterno tuvo manos de carpintero.

Hay también una advertencia. La incredulidad de Nazaret no salió de falta de pruebas, sino de creer que ya lo tenían todo resuelto. Si damos por hecho que ya lo conocemos todo de él, dejamos de prestar atención. Y nadie se salva por cercanía: vivir en el pueblo de Jesús no salvó a Nazaret. La salvación es regalo de Dios, por gracia, mediante la fe en Cristo.

El lugar donde te criaste funciona como tu Nazaret. Si tu fe deja de ser un detalle y empieza a marcar tus decisiones, alguien te lo va a cuestionar. Eso mismo le ocurrió a Jesús: sus propios hermanos tampoco creían en él (Juan 7:5). No te endurezcas ni pelees por ganar; responde con respeto.

Paso concreto: aparta cinco minutos y lee Marcos 6 de corrido. Marca con lápiz la línea que te resulte incómoda. Después, sin discutir, pregunta en casa qué se piensa de Jesús.

Para pensar: ¿dónde tratas a Jesús como algo ya conocido y dejas de esperar que haga algo nuevo?

Fuentes

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