Biblia en 5: Marcos 6:14-29 — La verdad en la mesa del rey
Un cumpleaños, un juramento y un profeta muerto: la escena donde el miedo a los invitados pesó más que la conciencia.
Marcos 6:14-29, en la Reina-Valera 1960, cuenta la verdad en la mesa de un rey: Juan el Bautista muere por decirla y Herodes se queda con el remordimiento.
Lo que pasó aquella noche
Juan estaba en la cárcel por una frase que no podía callar: «Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.» (Marcos 6:18, RVR1960). El rey de la escena es Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, que convivía con Herodías, la esposa de su hermano Felipe.
Marcos resume la fiesta en pocas líneas (véase Marcos 6:21-28): los principales de Galilea en la mesa, la hija de Herodías bailando, un juramento imprudente y una madre que pide la cabeza del profeta. Lo que sigue es el retrato de un hombre que sabía la verdad y la traicionó:
«Herodes no pecó por falta de datos; lo venció el qué dirán.»
«porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana.» (Marcos 6:20, RVR1960)
«Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla.» (Marcos 6:26, RVR1960)
Quién escribió esto y en qué momento
Marcos es el más breve de los cuatro evangelios y se escribió en griego para lectores que no eran judíos, hacia los años 60-70 d. C., según Britannica. Papías de Hierápolis, en el siglo II, afirma que Marcos puso por escrito la predicación de Pedro, según cita Eusebio de Cesarea. Flavio Josefo también registra el episodio en Antigüedades de los judíos: el tetrarca lo mandó apresar y lo hizo matar en Maqueronte.
El pasaje interrumpe la misión: Jesús había sido rechazado en su pueblo y había enviado a los doce de dos en dos; la fama llegó al palacio y Herodes creyó que Juan había resucitado (véase Marcos 6:1-16). Cuando los discípulos vuelven, Jesús los invita a descansar y alimenta a cinco mil (véase Marcos 6:30-44).
La verdad que no se negocia
Herodes no pecó por falta de datos; lo venció el qué dirán. Sabía que Juan era justo, lo protegía y lo escuchaba con gusto, pero el miedo a los invitados pesó más que su conciencia. Proverbios 29:25 lo describe así: «El temor del hombre pondrá lazo; Mas el que confía en Jehová será exaltado.» (RVR1960)
El pasaje muestra a un Dios santo, cuya ley no se dobla por mayoría ni por conveniencia, y a un Dios paciente: le dio a Herodes tiempo, conciencia y un profeta cerca. También muestra el evangelio antes del evangelio: la muerte del precursor anuncia la del Señor. Otro gobernante, otra multitud y otro inocente entregado; solo que Jesús no cae por sorpresa, sino que carga con el pecado de quienes, como Herodes, prefieren la apariencia al bien. La fe no empieza en «sé valiente como Juan», sino en «hay perdón para el que se parece a Herodes»; y ese perdón produce el valor que no tenemos. Juan lo entendía: «Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.» (Juan 3:30, RVR1960)
Esta semana elige una verdad que ya sabes y no has dicho, y dila con respeto donde corresponde: a un amigo, en tu casa, en tu grupo. Ora antes de hablar; el valor nace de confiar en Dios, no del carácter. Después no busques ganar la discusión. Y si te pareces más al rey que al profeta, el camino de vuelta sigue abierto.
¿A quién le temes más cuando tienes que decir lo que crees: a Dios o a los que están sentados a tu mesa?