Biblia en 5: Marcos 3:1-6 — La misericordia no espera
Jesús sana una mano seca en día de reposo y esa sanidad enciende el primer plan para matarlo.
Un hombre con la mano seca espera en la sinagoga. Los que están cerca no vinieron a escuchar: vinieron a vigilar. Y Jesús decide que la misericordia no espera al día siguiente.
«Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban.» (Marcos 3:4, RVR1960). Nadie contestó. Él los miró con enojo y con tristeza por la dureza de su corazón, y le dijo al hombre: «Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.» (Marcos 3:5, RVR1960).
El resto del relato: el hombre tenía una mano inútil (Marcos 3:1), lo vigilaban para poder acusarlo (Marcos 3:2), Jesús lo puso de pie en medio de todos (Marcos 3:3), y los fariseos salieron de allí a conspirar con los herodianos (Marcos 3:6).
Una trampa armada con la ley en la mano
Marcos escribió el más breve de los evangelios, muy cerca de Pedro, para creyentes de origen no judío, probablemente en Roma, unas tres décadas después de la resurrección. Desde Marcos 2:1 venía narrando choques con los religiosos, y tres de ellos ocurren en día de reposo.
La mano seca era un problema crónico, no una urgencia. La costumbre de la época permitía atender a alguien en peligro de muerte aunque fuera reposo, así que este caso podía esperar. Justo por eso era una trampa: si sanaba, tenían de qué acusarlo.
Cuando la regla estorba al amor
Primero, la pregunta de Jesús no deja casilla neutral: quien puede hacer el bien y lo posterga ya eligió. Mateo lo aterriza: si una oveja cae a un hoyo, su dueño la saca aunque sea reposo; cuánto más vale una persona (véase Mateo 12:11-12).
Segundo, callar también es responder. Tenían la Escritura en la cabeza y al hombre delante de los ojos, y no les dolía.
Tercero, el enojo de Jesús viene con dolor: se indigna con lo que endurece a la gente y le duele la gente que se endurece. Pablo lo dice así: «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,» (Efesios 4:26).
Cuarto, el hombre no se restauró solo. Se le pide algo que su mano no podía hacer, y al obedecer queda sana.
Quinto, aquí nace la cruz: es la primera vez que Marcos menciona un plan para matar a Jesús (Marcos 3:6). El día que existía para el bien de la persona terminó con un grupo organizando una muerte.
¿A quién tienes enfrente hoy?
Este pasaje no te da permiso de tirar toda regla que te incomode. Dice algo más sencillo y más caro: si una norma te impide amar a quien tienes delante, esa norma dejó de cumplir su propósito. La pregunta del texto no es «¿qué me toca?», sino «¿a quién tengo enfrente y qué me cuesta amarlo hoy?».
Haz hoy el bien que llevas aplazando: la llamada a tu abuela, el mensaje a ese amigo que se está cayendo, la disculpa que dejaste para después, el hermano que lleva meses sentado solo en el culto. «y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.» (Santiago 4:17).
Y cuídate del otro riesgo: convertirte en el que vigila a los demás. Se espía en el chat del grupo y en lo que cada quien publica. Nadie amanece con el corazón duro: se va endureciendo sin que lo notes (véase Hebreos 3:13). Si hoy estás seco, si oras sin sentir nada o te da vergüenza volver, mira a Jesús: no le pidió al hombre que se arreglara primero. Le dijo que extendiera la mano.
¿Qué bien que ya sabes que debes hacer estás dejando para mañana?