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Biblia en 5: Marcos 2:1-12 — Cuatro amigos y un techo

Cuatro amigos abrieron el techo de una casa en Capernaum y su amigo recibió el perdón antes de poder caminar.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 3 min de lectura
Biblia en 5: Marcos 2:1-12 — Cuatro amigos y un techo
Foto: cottonbro studio / Pexels

Jesús vuelve a Capernaum y la casa se llena (Marcos 2:1-2). Cuatro amigos suben a un paralítico por el techo para ponerlo delante de él. Puedes leer el pasaje completo en Marcos 2:1-12 (RVR1960).

Un hueco en el techo, no una puerta

Marcos escribe el evangelio más breve de los cuatro, muy cerca de Pedro y para creyentes de origen gentil, hacia los años 50-65 d. C. Su relato corre rápido. Viene de narrar la sanidad del leproso (véase Marcos 1:40-45), y ahora está otra vez en Capernaum, predicando en una casa llena. No hay forma de entrar. Los cuatro suben al techo, abren un hueco y bajan al hombre justo donde está Jesús: «descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico» (Marcos 2:4, RVR1960).

Primero el perdón, después las piernas

Lo que Jesús le da al paralítico no es caminar. «Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados» (Marcos 2:5, RVR1960). Los escribas sentados allí piensan que eso es blasfemia, y su lógica es correcta: «¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?» (Marcos 2:7, RVR1960). Jesús no corrige la premisa; la confirma y se coloca dentro de ella. Después respalda la declaración invisible con algo que todos ven: el hombre se levanta (Marcos 2:10-11). El título «Hijo del Hombre» sale de Daniel 7:13-14, donde uno como hijo de hombre recibe un reino eterno; con él Jesús se ubica en esa visión.

«Lo primero que Jesús le dio al paralítico no fue caminar, sino el perdón.»

— Samuel Ibarra

Ahí está el orden del evangelio. El paralítico no habla, no ora, no promete nada. Lo cargan, lo bajan, lo perdonan. La gracia llega antes de cualquier aporte suyo (véase Efesios 2:8-9). Y el perdón no es un olvido barato: alguien carga la culpa. Este relato apunta a la cruz, donde Cristo pagó lo que declaró en esa casa (véase 2 Corintios 5:21). Al final el hombre sale delante de todos y la gente glorifica a Dios (Marcos 2:12).

Tu techo y tus cuatro

¿Qué le pedirías a Dios esta semana si tuvieras que elegir una sola cosa? El pasaje reordena la lista. Ansiedad, dinero, una carrera que no arranca, una relación rota: todo eso es real y a Dios le importa. Pero lo que necesitas primero es estar limpio delante de él. Confesar el pecado sin adornos es el primer paso, no el último.

Fíjate también en los cuatro. La fe que Jesús vio fue la de ellos (Marcos 2:5). Si conoces a alguien que hoy no puede llegar solo, un primo, un compañero o alguien que se alejó de la iglesia, puedes ser uno de los cuatro: escribirle, pasar por él, orar por su nombre. Y si el del lecho eres tú, deja que te carguen; la iglesia está para eso.

Los obstáculos casi siempre tienen otra entrada: un horario, un enojo, una amistad que te hala hacia abajo. Identifica tu techo y abre el hueco. Y no lo dejes para mañana, porque «Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa» (Marcos 2:11, RVR1960) fue una orden para ese mismo día.

Pregunta para pensar: si Jesús atendiera primero tu pecado y después tu problema más visible, ¿cambiaría en algo la forma en que le estás orando?

Fuentes

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