Biblia en 5: Marcos 1:21-39 — Un día en Capernaum
Un solo sábado le basta a Marcos para mostrar quién es Jesús: enseña, libera, sana y ora.
Marcos dedica un día en Capernaum, junto al lago de Galilea, a responder una pregunta incómoda: ¿quién es este Jesús? Escribe para creyentes de origen gentil, quizá en Roma, entre los años 50 y 65 (Marcos 1:21-39).
Un sábado con la agenda llena
Todo ocurre en día de reposo, o sábado, como anota la propia versión. Jesús enseña en la sinagoga y la gente queda atónita: «les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas» (Marcos 1:22, RVR1960). Los escribas sostenían lo que decían en maestros anteriores; él hablaba con peso propio.
De allí pasan a la casa de Simón, donde la suegra está con fiebre. Él la toma de la mano y la levanta. Al caer la tarde, la ciudad entera se amontona en la puerta y sana a muchos. Eso viene después de Juan el Bautista, el bautismo y la tentación en el desierto (Marcos 1:1-13); y antes del leproso que le dice: «Si quieres, puedes limpiarme» (Marcos 1:40, RVR1960).
«El poder que te levanta es para servir sin público.»
Lo que ese día deja ver
Primero, su palabra manda. La fiebre y los demonios obedecen; no es un consejo entre muchos. Segundo, el reino se recibe por gracia: el llamado es arrepentirse y creer (véase Marcos 1:15), y nadie llega a él ya sano. Tercero, su poder es compasivo: no expone a la enferma, la pone de pie.
Cuarto, la oración ordena la agenda. «Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba» (Marcos 1:35, RVR1960). Y quinto, predicar va delante de la fama: «Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido» (Marcos 1:38, RVR1960). Capernaum quería retenerlo; él salió a los pueblos vecinos.
Tu Capernaum también tiene su puerta
Tu semana tiene sinagoga, casa y puerta: el salón de clases, el trabajo, el grupo pequeño, el chat que no se apaga. Tres pasos concretos.
Lo que no controlas necesita una palabra de Cristo, no más fuerza de voluntad: la ansiedad, un hábito, un miedo. Llévalo a él hoy, no mañana.
El éxito también puede desviarte. A Jesús le avisaron que todos lo buscaban, y se fue a otro lado. Antes de tomar el celular, aparta cinco minutos para orar y preguntarte para qué te llamó Dios.
El poder que te levanta es para servir sin público.
La suegra de Simón se puso en pie y les servía (véase Marcos 1:31). El servicio más real casi nunca tiene audiencia.
Si leíste la entrega pasada (Marcos 1:14-20), esta es su continuación; la próxima es el leproso, en Marcos 1:40-45.
¿Qué cosa cómoda tendrías que soltar para obedecer a Jesús donde nadie te aplaude?