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Biblia en 5: Marcos 1:14-20 — llamados en plena jornada

Cuatro pescadores dejan las redes en plena jornada porque el reino no se acerca como un plan, sino como una persona.

Por Samuel Ibarra · Sana Doctrina
· 3 min de lectura
Biblia en 5: Marcos 1:14-20 — llamados en plena jornada
Foto: asli aker / Pexels

El reino de Dios no llega como un proyecto ni como una idea: llega en una persona. Marcos 1:14-20 muestra a Jesús predicando en Galilea que el reino de Dios se ha acercado y llamando, enseguida, a sus primeros discípulos.

El anuncio y la llamada

Juan está preso; Jesús retoma la predicación en Galilea. Su mensaje cabe en dos verbos: arrepentirse y creer. «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio» (Marcos 1:15, RVR1960).

Junto al mar ve a Simón y Andrés echando la red: eran pescadores. Les dice: «Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres» (Marcos 1:17, RVR1960). Sueltan las redes y lo siguen al instante (véase Marcos 1:18). Poco después pasa lo mismo con Jacobo y Juan, que remendaban redes en la barca con su padre y los jornaleros (véase Marcos 1:19-20). Sin entrevista ni prueba: los llama en plena jornada.

Quién lo escribió y a quién se dirigió

El segundo Evangelio no lleva firma dentro del texto, pero los cristianos de los primeros siglos lo atribuyeron a Marcos sin discutirlo. Papías de Hierápolis lo llamó intérprete de Pedro hacia el 140 d.C.; Justino Mártir habló de las memorias de Pedro hacia el 150; Ireneo repitió la idea cerca del 185. En Hechos aparece como «Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos» (Hechos 12:12, RVR1960), primo de Bernabé y, con los años, colaborador útil para el ministerio (véase Colosenses 4:10; 2 Timoteo 4:11).

Su público: una iglesia en Roma formada sobre todo por no judíos. Por eso traduce palabras arameas, explica costumbres judías y usa términos latinos. Los estudiosos evangélicos ubican su escritura entre el 50 y el 70 d.C., probablemente en Roma hacia el 67 o 68. Antes vienen Juan el Bautista, el bautismo de Jesús y la tentación en el desierto; después, Capernaum, la sinagoga y la sanidad de la suegra de Pedro.

Qué revela de Dios y qué hacer con eso

La iniciativa es de Jesús. Nadie andaba buscándolo: él vio, él habló, él llamó. La gracia va delante y hace posible que alguien responda. El reino, además, vive en dos tiempos: se acercó en Jesús y todavía espera su consumación. Y entra gente común; Galilea no era el centro religioso ni aquellos pescadores la élite espiritual. Nadie llega por currículum. Cristo reúne un pueblo, no solo rescata individuos: llama de dos en dos para una misión compartida. Y seguirle cuesta: soltaron aquello de lo que vivían.

Para ti, eso se juega en el horario normal, no solo en un campamento de verano. Jesús llama en la línea de producción, en el salón de clases, en el turno de madrugada. Soltar la red no es renunciar a trabajar; Pedro volvió a pescar después de la resurrección (véase Juan 21:3). Significa que ninguna red manda más que él: el horario que te dejó sin congregarte, la relación que te está enfriando, el grupo donde se habla mal de todos, la salida fácil para ganar dinero, el temor a lo que opinen en tu casa. Tu mar ya lo conoces, y no queda lejos: tus compañeros de turno, tu grupo de estudio, el chat donde escribes todo el día. Tampoco hace falta estar listo; él llamó a hombres que después discutieron, negaron y huyeron.

Esta semana, ponle nombre por escrito a esa red y compártelo con alguien que ore por ti.

¿Cuál es la red que sigues sosteniendo porque te da seguridad, y qué te frena para dejarla?

Fuentes

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