Samoa Joe testifica de su fe y de su diezmo
La estrella de la lucha libre habló en público de su fe en Cristo y de su pasión por el diezmo, según Crosswalk.com.
Samoa Joe testifica sobre su fe en Cristo y su pasión por el diezmo, según publicó Crosswalk.com. Es una de las voces conocidas de la lucha libre profesional, y su declaración abre una conversación incómoda.
Un ring no es un púlpito
Cuando una figura pública habla de Jesús, la reacción se divide rápido. Unos la ponen de ejemplo sin preguntar nada más; otros le exigen pruebas como si la fe se midiera con un cinturón de campeón. Ninguna de las dos ayuda.
Una confesión pública de fe abre una puerta; no entrega un título. La Escritura recuerda que Dios mira el corazón y no la apariencia (véase 1 Samuel 16:7). Por eso un testimonio se escucha con alegría y con criterio: se compara con la Biblia y se ora por quien lo cuenta.
«El evangelio no gana peso porque lo diga una estrella; gana peso cuando alguien lo cree de verdad.»
Ora por él, además. La fe no se sostiene con buen desempeño; se sostiene con gracia.
Y hay algo más importante que el nombre famoso. Si Cristo salva, salva a gente común, sin cámaras ni reflectores. El evangelio no gana peso porque lo diga una estrella; gana peso cuando alguien lo cree de verdad.
El diezmo no es una máquina
Existe una versión del dar que se parece a una apuesta: pongo tanto y Dios me devuelve el doble. Esa idea no viene de la Biblia; viene de las ganas de tener a Dios bajo control.
El salmo lo dice sin rodeos: «De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan.» (Salmo 24:1, RVR1960) Si todo es suyo, dar no es un pago: es reconocer de quién es lo que tengo.
Pablo escribió a los corintios: «Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.» (2 Corintios 9:7, RVR1960) No hay porcentaje mágico ni reembolso garantizado. Hay una decisión personal y una promesa sobre el corazón.
Dar tampoco te hace mejor que el que no da. La generosidad es fruto de la gracia, no una medalla que se cuelga.
Eso es lo que me llama la atención aquí. No que un luchador hable de dinero, sino que hable de dar en una cultura que solo habla de ganar.
Lo que decides antes del primer sueldo
Tal vez tienes 17 años y todavía no ganas nada. Igual ya puedes decidir algo: cuando llegue tu primer pago, una parte se aparta primero. No porque Dios necesite tu dinero, sino para que aprendas a soltarlo desde el principio.
Empieza pequeño: una cantidad fija, decidida antes de que llegue el dinero y sostenida mes a mes. Aprende también a presupuestar, a ahorrar y a salir de deudas. Si necesitas consejo financiero, búscalo con un profesional certificado.
Si tu iglesia no explica bien en qué se usa el dinero, pregunta. Una iglesia sana no se ofende por eso.
Y una advertencia para la cancha: las apuestas deportivas no son una forma de ganar, son una forma de perder. Ningún marcador paga lo que dejas detrás.
Esta semana puedes hacer algo concreto: aparta una cantidad pequeña, aunque te parezca ridícula, y entrégala donde tu iglesia la use para servir. Después pregúntate en serio: ¿doy esperando algo a cambio, o porque ya recibí todo? Me gustaría leer tu respuesta.