Pettitte: cinco anillos y una pregunta
El podcast Get in the Game publica una conversación con el pitcher que ganó cinco Series Mundiales con los Yankees.
Andy Pettitte ganó cinco anillos de Serie Mundial con los Yankees en 18 temporadas de Grandes Ligas. El 1 de octubre de 2026 es el invitado de Get in the Game, el podcast que conduce Scott Linebrink.
Quince años en el mismo vestuario
Pettitte jugó 18 temporadas en las Grandes Ligas: 15 con los Yankees y tres con Houston. Fue tres veces All-Star. Los números describen al pitcher, no a la persona. Pero hay una escena que dice más.
El 26 de septiembre de 2013, en el último partido de Mariano Rivera en el Yankee Stadium, dos compañeros caminaron al montículo para sacarlo del juego. No fue el manager. Fueron Derek Jeter y Pettitte, según el repaso de Sports Spectrum. Después de tantos títulos, lo que queda es la gente con la que lo ganaste, no el anillo.
«Los cinco anillos no son un aval del evangelio.»
Un micrófono no vuelve más verdadera la fe
Pettitte ya había pasado por Sports Spectrum en 2021; esta vez vuelve al ciclo de entrevistas que conduce Scott Linebrink.
Hay algo que conviene decir: los cinco anillos no son un aval del evangelio. La fe de un pelotero no pesa más porque ganó, ni menos porque perdió. La gracia no reparte trofeos. Por eso me alegra que existan espacios como Get in the Game, de la red de Sports Spectrum.
Si un campeón habla de Jesús, es tentador tomarlo como prueba de que a Dios le gustan los ganadores. No funciona así. El valor de una persona no se calcula en anillos, ni en promedio de carreras limpias, ni en seguidores. Eso pega fuerte en la vida de un joven deportista y en la de sus padres.
El marcador no te define
En una cancha de barrio en Buenos Aires o en un parque de Miami, la lógica se repite: si metes goles, vales; si fallas, sobras. Esa cuenta se mete en la casa, en la escuela y en la iglesia.
Un papá que grita desde la banda enseña, aunque no quiera, que el resultado manda. Un joven que solo se siente amado cuando gana aprenderá a esconder sus derrotas, incluso ante Dios.
La Escritura pone el trabajo en otro lugar: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Colosenses 3:23, RVR1960). Jugar para el Señor quita el peso de jugar para el aplauso. No promete títulos; promete un propósito que el marcador no borra.
Trabajar para el Señor no convierte el deporte en un púlpito. Un pitcher lanza, un estudiante estudia, un chofer maneja: cada oficio tiene su dignidad y su disciplina. La fe no reemplaza el entrenamiento; lo ordena.
Pettitte no necesita cinco anillos para que su testimonio valga, y tú no necesitas ser titular para que tu vida cuente. Lo que hagas esta semana —el entrenamiento, el estudio, el turno en el trabajo— se puede hacer de corazón.
Antes de dormir, elige a alguien más joven que tú. Pregúntale cómo le fue, no cuántos puntos anotó, sino qué está aprendiendo. Acompáñalo un rato. ¿A quién le estás enseñando a jugar?