Pastores piden reglas de IA, pero casi nadie las tiene
Solo el 4 % de las iglesias protestantes de Estados Unidos tiene una política formal sobre IA, según Barna Group.
Barna Group encuestó a 442 pastores protestantes de Estados Unidos en diciembre de 2025. El 94 % pide reglas de IA para su iglesia; solo el 4 % afirma que la suya tiene una política formal.
La distancia entre pedir y tener
Ese contraste tiene dos mitades. En teoría, el 49 % de los pastores se inclina por una guía informal y el 45 % por una política escrita; apenas el 6 % cree que no hace falta ninguna. En la práctica, el 17 % ofrece orientación sin documento y el 79 % no tiene ni lo uno ni lo otro.
Creo que la brecha no es técnica, sino de gobierno: nadie sabe quién decide, quién revisa y quién responde. Los datos no explican esa distancia. El estudio forma parte de la iniciativa State of the Church, hecha junto a Gloo, que sigue cómo la IA está moldeando la fe de las personas.
«La integridad no se delega a un algoritmo.»
Dónde la IA ya trabaja
Casi todos los pastores ya usan estas herramientas: solo el 13 % dice que no las usa. La mitad las ocupa para generar ideas; el 36 % para investigar temas bíblicos o teológicos; el 34 % para preguntas de grupos pequeños y tareas administrativas; y el 24 % para escribir o editar sermones.
Daniel Copeland, vicepresidente de investigación de Barna, describe ese patrón como trabajo detrás del escenario: apoyo para estudiar y organizar, no un reemplazo de lo que pasa cuando el pastor está con la gente.
La confianza cambia según el uso. Al 64 % le parece bien que la IA ayude a armar currículos para grupos pequeños o estudios bíblicos. Baja al 37 % en oraciones, al 33 % en canciones de adoración, al 29 % en interpretar la Escritura, al 27 % en escribir un sermón y al 10 % en consejería espiritual.
Sharon Hodde Miller, copastora principal de Bright City Church en Raleigh-Durham, habló en el evento virtual Preaching in the Age of AI de Barna. Dijo que es fácil pensar que da igual cómo se prepare un sermón si el mensaje es correcto y edifica. Para ella, la integridad pesa tanto o más que el resultado, y por eso anima a los predicadores a citar sus fuentes y nombrar sus influencias.
Carey Nieuwhof, autor, podcaster y fundador de la Art of Leadership Academy, dio un consejo práctico en un podcast del Faith & Culture Report de Barna: escribir uno mismo el primer borrador, orar y pelear con la página en blanco, y recién después llevar el texto a la IA. Su prueba de conciencia es directa: «Si te incomoda decir cómo usas la IA, la estás usando de más» (traducción de Sígueme).
Reglas que un joven puede proponer
Una política abre preguntas concretas: quién la escribe, quién la supervisa y qué pasa cuando alguien no la cumple. Como la tecnología avanza rápido, el documento necesitaría revisiones. Barna apunta que un equipo de liderazgo que define cómo sí y cómo no usar la IA gana alineación entre sus ministerios y transparencia frente a la congregación.
Aquí entras tú. Si sirves en redes, sonido o proyección, o preparas devocionales para tu grupo, ya tomas decisiones sobre la IA cada semana. La fidelidad en lo pequeño sostiene lo grande: «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto» (Lucas 16:10, RVR1960). La integridad no se delega a un algoritmo.
Puedes proponer tres cosas sin miedo: que se diga cuándo se usó IA, que lo que se enseña pase por revisión bíblica y que una persona —no la herramienta— tenga la última palabra. No es desconfianza ni fe en el programa; es mayordomía.
Empieza esta semana: pregunta en tu iglesia si existe alguna guía y ofrece tu ayuda para escribirla. ¿Tu iglesia las tiene? ¿Quién debería escribirlas?