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El miedo migratorio frena trabajo, negocios y casa

Empleo, negocio y compra de vivienda: tres decisiones que el temor migratorio ya está frenando, según Directorio Cubano.

Por Gabriela Treviño · Dos Tierras
· 3 min de lectura
El miedo migratorio frena trabajo, negocios y casa
Foto: Kampus Production / Pexels

Según Directorio Cubano, el miedo migratorio está tocando tres decisiones a la vez en Estados Unidos: el empleo, los negocios y la compra de casa. Y eso toca lo tuyo: el primer trabajo y la casa de tus papás.

El temor también entra a la caja

El miedo no necesita una ley nueva para cambiar una decisión; le basta con volver el futuro incierto. Cuando una familia no sabe si podrá quedarse, el turno extra pesa distinto, el local que iba a rentar se aplaza y el crédito para la casa pierde sentido.

Directorio Cubano pone el empleo, el negocio y la vivienda en la misma lista. No son tres problemas separados: son tres decisiones que cuelgan de una sola pregunta.

«Ni el estatus ni la casa definen quién eres delante de Dios.»

— Gabriela Treviño

Piensa en tu caso. Si llevas medio año en tu primer trabajo formal, ese empleo es más que un sueldo: es la referencia que te van a pedir en el siguiente. Si el miedo te hace renunciar antes de tiempo, pierdes algo que no se recupera con un trámite.

No creo que la respuesta sea dejar de trabajar. El miedo, cuando manda, hace algo peor que quitar dinero: quita proyecto. Y sin proyecto cuesta mucho levantar la vista.

El trabajo es vocación, no solo ingreso

Aquí conviene una distinción que casi nadie hace. Tu empleo te da un ingreso, sí, pero antes que eso es un llamado: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Colosenses 3:23, RVR1960).

Ese versículo no promete estabilidad migratoria ni un sueldo fijo. Promete algo más firme: que el modo en que haces tu trabajo no depende de tu estatus.

Un joven que aprende un oficio, que llega puntual, que no roba ni miente aunque nadie lo vea, está haciendo algo que ningún documento le puede quitar. La dignidad del trabajo viene de ser imagen de Dios, no de cómo cruzaste una frontera.

Dos maneras de responder al mismo miedo

En las conversaciones se ven dos posturas. Una dice: mejor no mover nada, no firmar, no crecer, hasta que el panorama se aclare. Es entendible, y a veces es prudencia.

La otra dice: seguiré trabajando, seguiré sirviendo, ahorraré lo posible, con cuidado y sin meterme en lo que no entiendo. También es entendible, y también puede ser prudencia.

Las dos posturas existen en familias reales. Y ahí la iglesia local tiene algo concreto que ofrecer: presencia. No prometer lo que no puede cumplir, y tampoco dejar sola a la gente. Lo que sí puedo decir es que el temor no debería ser quien firme por ti.

Un paso práctico: antes de una decisión grande, anota qué depende de ti y qué no. Lo que depende de ti, hazlo bien. Lo que no, ni lo cargues ni lo finjas. Y para lo que sí es de leyes migratorias, busca a quien de verdad sabe y responde por su trabajo, no un rumor de redes sociales.

«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Timoteo 1:7, RVR1960). Ni el estatus ni la casa definen quién eres delante de Dios. Eso ya está resuelto en Cristo, y de ahí sale la calma para seguir.

¿Qué decisión has estado aplazando por miedo, y qué parte de esa decisión sí está en tus manos?

Fuentes

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