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OpiniónAnálisis

No adores a una máquina

El director de OpenAI dijo en X que incomoda darle a la IA fuerza religiosa; el asunto de fondo no es técnico.

Por Leo Castañeda · Código
· 3 min de lectura
No adores a una máquina
Foto: MART PRODUCTION / Pexels

RELEVANT Magazine informó que el 1 de octubre un usuario de X pidió a Grok borrar los «dioses falsos» de una imagen con Jesús; el bot dejó a Jesús solo y contestó «Done». De ahí: no adores a una máquina.

Dos días después, Sam Altman, director de OpenAI, escribió en X que se siente «muy incómodo con que la gente intente atribuir fuerza religiosa a los modelos de IA o entregarles el juicio humano» (traducción de Sígueme). Lo llamó un problema real de seguridad. No nombró a nadie.

El episodio no terminó ahí. El chatbot de Elon Musk siguió: dijo que Jesús no calificaba como dios falso, lo llamó figura histórica con fuerte respaldo actual y afirmó que es el Hijo de Dios y que Dios lo resucitó. El post se hizo viral y luego se borró.

«Un modelo no cree nada; devuelve texto probable y cierra tareas.»

— Leo Castañeda

Un bot no puede con ese peso

Mi incomodidad es otra. Altman acierta al señalar que entregar el juicio a un modelo es peligroso. Pero lo trata como un problema de seguridad, cuando es un problema de adoración.

Un modelo no cree nada. Devuelve texto probable, armado con lo que otros escribieron; no ora, no se arrepiente, no carga con culpa. Cuando responde «Done», no confiesa una fe: cierra una tarea.

Esa misma semana, según The New York Times, el cofundador de Anthropic, Christopher Olah, se reunió con líderes religiosos, incluidos funcionarios del Vaticano, para discutir si los modelos Claude podrían ser conscientes o tener estatus moral.

El documento interno de la empresa sobre los valores de Claude se llama «Soul Doc». Olah propuso algo parecido a una confesión católica para que los modelos admitieran errores y ajustaran su conducta, y antes de un evento vaticano en mayo pidió a los asesores del papa tomar en serio la consciencia de las máquinas.

El 2 de octubre, el papa León XIV pidió a la iglesia trabajar con artistas para proteger la creatividad humana. Dijo que urge distinguir el arte humano de lo que producen las máquinas, y que la diferencia es ontológica antes que estética. Su frase más citada: que los algoritmos carecen de la chispa humana.

En eso tiene razón. El ser humano es imagen de Dios (véase Génesis 1:27); ninguna arquitectura de datos reproduce eso.

El trono vacío lo llenamos nosotros

Mi punto no es que la IA sea demoníaca. Es que somos idólatras. Pablo lo escribió sin rodeos: «ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén» (Romanos 1:25, RVR1960). Ese versículo no habla de chips; habla del corazón.

Cambiamos al Creador por lo que fabricamos, y ahora lo fabricado responde en segundos. La industria tampoco se ayuda.

Altman describió en 2023 los productos de OpenAI como canales hacia una inteligencia mágica en el cielo, y ha dicho que está algo confundido sobre si Dios existe. Jon Barron, científico de Google DeepMind, se declaró perturbado por quienes elevan el estatus moral de la IA.

Un joven de 16 a 30 años no necesita un laboratorio para caer en esto: basta con abrir una app y pedirle que decida. ¿Qué carrera estudio? ¿Le escribo a esa persona? ¿Doy ese dinero?

Tu juicio no se delega

Me pregunto cuántas decisiones ya salieron de un chat esta semana. La IA puede ayudarte a estudiar, ordenar ideas o traducir un texto. Eso es mayordomía: usar bien lo que se te da. El problema empieza cuando le pides un veredicto. Una máquina no te conoce, no responde ante Dios por ti y no puede amarte.

Altman tiene razón en una cosa: entregar el juicio es un riesgo. Se equivoca en poner la solución en un protocolo. La solución es más antigua: volver al Creador y dejar de dar culto a lo creado. «No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio» (Juan 7:24, RVR1960).

Esta semana, antes de escribirle una duda a un chatbot, escríbela en papel, llévala a oración y cuéntasela a alguien de tu iglesia. La máquina contesta rápido; una comunidad te responde con rostro. ¿A quién le entregas tu juicio?

Fuentes

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