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Más de 550 líderes cristianos oran en Jerusalén en Sucot

Oración y adoración, más el deseo de estrechar lazos con el pueblo israelí, marcaron la convocatoria de Eagles' Wings, informó Altar7.

Por Rafael Montoya · Primera Plana
· 3 min de lectura
Más de 550 líderes cristianos oran en Jerusalén en Sucot
Foto: Prensa oficial de Eagles' Wings (organizador, Bishop Robert Stearns)

Más de 550 líderes cristianos, provenientes de 51 naciones, se congregaron en Jerusalén durante la fiesta de Sucot. La convocatoria fue una iniciativa de Eagles' Wings, según informó Altar7.

Los ejes del encuentro fueron la oración, la adoración y el fortalecimiento de lazos con el pueblo israelí. La ciudad recibió a creyentes llegados de medio mundo.

Sucot, la fiesta de las enramadas

Sucot es la fiesta de los tabernáculos, una de las celebraciones de peregrinación que la Biblia describe en Levítico 23. Recuerda los años del pueblo de Israel en el desierto y la provisión de Dios en medio de la precariedad.

«Orar por Jerusalén no es firmar un cheque en blanco a ningún gobierno.»

— Rafael Montoya

Que una reunión de líderes cristianos ocurra dentro de ese calendario dice algo: la fe cristiana no se entiende al margen de la historia de Israel. No se trata de adoptar costumbres ajenas ni de fingir otra identidad, sino de reconocer raíces. La iglesia de Jesús es injerto, no árbol nuevo.

Ese detalle ordena la manera de acercarse a Israel: con gratitud por las raíces, sin apropiarse de lo que no es nuestro y sin convertir la fe en escudo de una causa terrenal.

Orar por Jerusalén sin banderas partidistas

«Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman» (Salmos 122:6, RVR1960). El salmo pide paz, no alianzas. Esa diferencia importa cuando cada conflicto de la región se convierte en munición de redes sociales y muchos esperan que la iglesia elija un bando, como si fuera un equipo de futbol.

Pablo advirtió a los creyentes de origen gentil que no se creyeran superiores a las ramas originales del olivo (véase Romanos 11:18). La humildad es parte de la oración. Sin ella, la intercesión se vuelve consigna.

Me preocupa que la fe se use como bandera. Cuando el evangelio se pega a una administración, a un partido o a una causa nacional, pierde capacidad de llamar al arrepentimiento y termina sirviendo a un poder humano. Orar por Jerusalén no es firmar un cheque en blanco a ningún gobierno.

La Escritura manda orar por todos los que están en autoridad (véase 1 Timoteo 2:1-2). Orar por ellos es distinto de bendecir sus decisiones. La iglesia ora, testifica y sirve; no hace campaña ni reparte carnés de patriotismo.

La iglesia hispana también está en esa sala

Las 51 naciones representan a un cuerpo que no cabe en un solo idioma. La iglesia hispana en Estados Unidos y México pertenece a ese cuerpo global: comparte la misma cabeza, Cristo, y la misma oración. Una congregación en Phoenix, en Ciudad de México o en Madrid no ora desde la periferia.

Orar en español junto a hermanos de otros idiomas no resta identidad; ayuda a ver el cuerpo completo. La fe hispana tiene su voz, su música y su manera de servir, y también preguntas pendientes sobre cómo leer los conflictos de Medio Oriente sin repetir consignas de ningún lado.

Cuando la política divide, la pregunta honesta no es quién tiene razón en el debate, sino por quién estoy orando de verdad. ¿Por las personas que sufren, o por mi bando?

Esta semana puedes hacer algo concreto: aparta diez minutos para pedir por la paz de Jerusalén, por los creyentes que viven en la región y por tu propia ciudad. Ora también por quienes gobiernan, sin entregarles tu conciencia ni tu fe. Si lo haces en grupo, coméntalo con tu iglesia y cuéntanos qué descubres.

Fuentes

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