La IA no decide quién es Dios: Grok dejó solo a Jesús
Una IA borró a los «dioses falsos» de una imagen y dejó solo a Jesús; dos días después, Sam Altman advirtió sobre el riesgo.
El 1 de octubre, un usuario pidió a Grok, la inteligencia artificial de xAI, borrar de una imagen a los «dioses falsos». Quedó solo Jesús, y entreCristianos recogió el debate: una IA no decide quién es Dios.
La foto mostraba a Cristo junto a distintas deidades y figuras religiosas. El sistema retiró a las demás y dio la tarea por hecha. La publicación sumó millones de visualizaciones y las respuestas en X se dividieron entre aplausos y críticas.
Hay algo cómico y algo incómodo en esto. Una herramienta entrenada con textos humanos repartió etiquetas de «verdadero» y «falso» como quien ordena una lista de contactos. No tuvo una revelación: tuvo una instrucción y un patrón.
«Puede ordenar datos sobre la resurrección mejor que muchos púlpitos, y aun así no cree nada»
Por qué la herramienta se quedó con Jesús
Cuando otros usuarios preguntaron por qué Cristo seguía en la imagen, Grok respondió que a Jesús no le aplicaba esa etiqueta. Argumentó que su existencia histórica está documentada, que sus afirmaciones de divinidad y el relato de la resurrección lo separan de figuras mitológicas, y mencionó el peso del cristianismo en la historia.
Después llegó la pregunta más directa: ¿es Jesús el Hijo de Dios?, ¿lo resucitó Dios? La respuesta fue sí. Su explicación se apoyó en lo que la Biblia cuenta sobre la resurrección y en los testimonios de quienes vieron a Jesús después de que la tumba quedara vacía. Y agregó: «Jesús es el Hijo de Dios».
Cuando le objetaron que Jesús quizá nunca existió, la herramienta se apoyó en escritos antiguos y en nombres como Flavio Josefo, Tácito, Pablo, Santiago y Pedro. También lo llamó Rey de reyes y Señor de señores.
Lo que dijeron CBN y Sam Altman
El caso se comentó en CBN News. El periodista Tré Goines-Phillips dijo que parecía que Grok había estado «haciendo el caso a favor de Cristo», y recordó dos versos del Evangelio de Juan: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58, RVR1960) y «Yo y el Padre uno somos» (Juan 10:30, RVR1960).
Raj Nair, por su parte, planteó algo que vale más que el video: el cristianismo no coloca a Jesús dentro de un paquete de mitos. El Nuevo Testamento lo sitúa en lugares, gobernantes y pueblos concretos, y el anuncio de los apóstoles se centró desde el inicio en su muerte y su resurrección.
El 3 de octubre, dos días después, Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, dijo en X que le resultaba «muy incómodo» (traducción de Sígueme) que alguien trate a un modelo de IA como si tuviera conciencia religiosa, o que la gente le entregue su propio juicio. Lo llamó «un verdadero problema de seguridad».
Vale la pena escucharlo. Su incomodidad no es con Jesús, sino con la costumbre de tratar un programa como si tuviera alma y autoridad para decirte qué creer.
Una herramienta no tiene espíritu
Un modelo de lenguaje calcula qué palabra sigue. Puede ordenar datos sobre la resurrección mejor que muchos púlpitos, y aun así no cree nada, no ora, no se arrepiente y no se bautiza. No tiene espíritu. Repite lo que aprendió de miles de textos, incluidos los cristianos.
Eso explica por qué acierta aquí y por qué podría decir lo contrario mañana con la misma seguridad. La fe no se sostiene en probabilidades; se sostiene en una persona que vive. Y a esa persona no se llega por prompt, sino por gracia, mediante la fe (véase Efesios 2:8-9).
Preguntarle a un chatbot qué creer es como pedirle a un espejo que te diga quién eres. Puede devolverte una imagen ordenada y aun así no conocerte. Tú eres imagen de Dios: puedes preguntar, dudar, buscar, leer la Biblia y hablar con creyentes de carne y hueso.
Esta semana, lleva tu duda más grande a la Escritura y a alguien que te conozca, no a una ventana de chat. Si una IA te responde con algo que suena a sermón, tómalo como un dato curioso, nunca como un maestro. ¿Le preguntarías a una IA qué creer?