A los 38, Keenum vuelve a la NFL y da gloria a Dios
El suplente de 38 años lanzó para 247 yardas y dos anotaciones en el 27-7 de Chicago sobre Filadelfia.
Case Keenum no había iniciado un partido de temporada regular en 1 009 días. El lunes 28 de septiembre de 2026 volvió a hacerlo y, después del 27-7 de Chicago sobre Filadelfia, dio gloria a Dios (Sports Spectrum).
1 009 días calentando la banca
Keenum llegó a la NFL por la puerta de atrás: no fue elegido en el draft de 2012, tras jugar en la Universidad de Houston. Pasó por ocho equipos y empezó partidos como titular en siete de ellos, lo que iguala un récord de la liga.
Suena a currículum brillante hasta que uno mira el reverso: casi siempre fue el segundo o el tercero, el que espera en la banca mientras otro juega.
«La fe no le aseguró el domingo; le sostuvo los martes.»
Antes de la temporada 2024, a los 37 años y sin equipo, quedó en reserva por lesión y pensó que su carrera había terminado.
En la primavera de 2025 lo llamaron los Bears y su nuevo entrenador, Ben Johnson; firmó en abril. Ese año no pisó el campo: su tarea fue acompañar a Caleb Williams, la primera selección global del draft de 2024.
El partido que sí se vio
Cuando Williams se lesionó el tendón de la corva en la semana 2 y Tyson Bagent entró al protocolo de conmociones, Keenum quedó como la opción. Su primera serie terminó en pase de 7 yardas a Luther Burden. En el tercer cuarto conectó 41 yardas con Kalif Raymond para otra anotación.
Terminó con 24 de 34 pases, 247 yardas, dos pases de anotación, ninguna intercepción y un acarreo de una yarda para anotar. Chicago ganó 27-7 en Soldier Field.
Frente a las cámaras de ESPN, todavía en la cancha, dijo: «Toda la gloria a Dios. No estoy aquí sin Él. Él me puso aquí. Él me hizo para esto» (traducción de Sígueme).
Lo que llama la atención es el orden. Keenum no habló de Dios para explicar la victoria; ya lo había hecho antes del saque inicial. Contó que abrazó a su familia y que, pasara lo que pasara ese día, daría gloria a Dios.
La fe no explica el triunfo
Si alguien quiere leer este partido como prueba de que Dios paga la fidelidad con triunfos, el argumento se cae solo. Keenum lanzó bien, pero antes pasó 1 009 días entrenando y sosteniendo un vestuario sin que ninguna cámara lo mirara. La fe no le aseguró el domingo; le sostuvo los martes.
La banca es un lugar incómodo, y más a los 38 años, en un deporte que celebra la juventud. Ahí no hay aplausos ni estadísticas que te recuerden. Hay repetición, paciencia y un puesto que depende de la lesión de otro.
En su biografía de X, Keenum cita Isaías 40:31. El versículo dice así: «pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán» (Isaías 40:31, RVR1960).
Esperar, en la Biblia, nunca significó quedarse de brazos cruzados. Significa hacer lo mismo, con el mismo cuidado, cuando nadie mira.
También recuerda algo que el deporte olvida rápido: el valor de una persona no depende de los minutos que juega. Antes de volver a ser titular, Keenum fue mentor de un novato. Ese trabajo también cuenta, aunque no salga en los resúmenes.
Aún no se ha anunciado si Keenum volverá a ser titular el domingo, cuando Chicago reciba a los Jets a la 1:00 p. m. (hora del este). Su historia deja una pregunta incómoda: ¿qué haces tú mientras esperas tu turno?
Esta semana elige una tarea que nadie te va a aplaudir y hazla con el mismo cuidado, delante del único que sí lo ve todo.