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Los Broncos dieron toda la gloria a Dios en vivo

Jugadores de los Broncos hablaron ante las cámaras tras una remontada y atribuyeron ese triunfo a Dios.

Por Tomás Aguirre · La Cancha
· 3 min de lectura
Los Broncos dieron toda la gloria a Dios en vivo
Foto: Denver Broncos — denverbroncos.com

Ganaron y lo dijeron en vivo: «toda la gloria a Dios» (traducción de Sígueme). Los Broncos hablaron ante las cámaras tras una remontada y dieron ese crédito en voz alta. Western Journal difundió el video.

El crédito en el momento más ruidoso

Una remontada borra lo malo. Los últimos minutos pesan más que los primeros, y todos quieren explicarlos: corazón, carácter, suerte. En medio de ese ruido, alguien tomó el micrófono y dijo dónde ponía el crédito. Jugadores de los Broncos lo hicieron en televisión en vivo, después de una victoria de remontada, según el titular que publicó Western Journal.

Nos entrenaron para repartir el mérito entre el que anota, el que dirige y el que paga. Decir «toda la gloria a Dios» frente a las cámaras desordena ese reparto. No niega el entrenamiento ni el talento: los pone en su lugar. El atleta sudó y decidió; el resultado nunca estuvo del todo en sus manos.

«Que un equipo gane no prueba que Dios premió su fe.»

— Tomás Aguirre

Eso incomoda a algunos y alivia a otros. Vivimos repartiendo honores: el mérito para el que anota, el aplauso para el que dirige. Cuando alguien mueve esa línea en vivo, obliga a preguntarse si el éxito es solo nuestro.

Lo que una victoria no prueba

Conviene frenar aquí. Que un equipo gane no prueba que Dios premió su fe. Suena bonito, pero hace trampa: convierte a Dios en repartidor de trofeos y a la fe en palanca para el éxito. Si el triunfo fuera recompensa, la derrota sería castigo, y el que perdió la final tendría que explicar qué hizo mal.

La Biblia no funciona así. Pablo escribe algo que sirve igual en un vestuario que en un salón de clases: «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31, RVR1960). Ahí no aparece la palabra ganar. Dice todo.

Tampoco conviene convertir a nadie en ídolo. Que un jugador hable de Dios en público es motivo de alegría, y de oración por él. No es una medalla que lo vuelva maestro ni modelo de vida. Lo único que sabemos es lo que dijo en vivo; su caminar con Dios es asunto suyo.

El mismo Dios cuando el tablero no ayuda

El examen real llega después. Cualquiera agradece con el marcador a favor. La pregunta honesta es qué pasa cuando la remontada la sufre tu equipo, cuando el vestuario queda callado y nadie te pasa el micrófono.

Ahí la fe deja de ser frase de entrevista. Pablo escribió esto después de sus propias caídas: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9, RVR1960). Ese detalle no cabe en un video corto: Dios no cambia de carácter según el tablero.

Esta semana vas a tener un resultado. Un examen aprobado, un proyecto que salió. Antes de contarlo, decide a quién le das el crédito: no hace falta cámara, basta la mesa de tu casa o el chat del equipo. Y hazte la pregunta incómoda: ¿dirías lo mismo si el resultado hubiera sido al revés? Te leo en los comentarios.

Fuentes

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