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Sara Akhavan pasó del miedo a Alá a hallar a Jesús

La autora iraní publicó «Bajo el velo encontré a Jesús», con Editorial Peniel, sobre cómo el temor marcó su fe.

Por Rafael Montoya · Primera Plana
· 2 min de lectura
Sara Akhavan pasó del miedo a Alá a hallar a Jesús
Foto: Efrem Efre / Pexels

Sara Akhavan nació en Irán, dentro de una familia musulmana, y su búsqueda espiritual quedó plasmada en «Bajo el velo encontré a Jesús», editado por Editorial Peniel. Su testimonio fue difundido por La Corriente.

El Ramadán que se volvió culpa

Crecida en un entorno donde las prácticas religiosas eran obligatorias, Akhavan describe años marcados por el temor. «Crecí con un gran miedo a Alá por no poder cumplir con todas las prácticas que se nos imponían», escribe en el libro. Faltar a alguna de las cinco oraciones diarias la llenaba de angustia: se preguntaba qué podría hacerle Dios.

Leer el Corán y orar en árabe, una lengua que no conocía, le resultaba una barrera. Relacionarse con ese dios se le hacía difícil y lejano.

«Miedo y gracia producen dos vidas distintas: una vive pendiente del castigo; la otra descansa en el amor de Dios.»

— Rafael Montoya

La escena que marcó sus catorce años ocurrió en Ramadán. Su papá hizo la oración para consagrar a la familia y su corazón latió fuerte por miedo a sus pecados; temía un castigo. Para ella, ese mes nunca fue de limpieza, sino de culpabilidad. Editorial Peniel presenta el libro como el relato de una iraní perseguida por su fe.

Cuando la fe deja de ser miedo

Miedo y gracia producen dos vidas distintas. Quien cree por miedo vive pendiente del castigo; quien cree por gracia descansa en el amor de Dios. La Escritura lo dice así: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor» (1 Juan 4:18, RVR1960).

Y añade lo que ninguna religión de esfuerzos propios puede ofrecer: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9, RVR1960).

Akhavan cuenta que escribió el libro, en parte, para mostrar cómo vive una mujer en un país islámico y para dar voz a muchas mujeres que, dice, son calladas cada día. Su historia no busca desacreditar a un pueblo: narra una búsqueda que terminó en Jesús.

Cómo acompañar a un amigo musulmán

Si tienes compañeros o vecinos musulmanes, el primer paso no es ganar una discusión. Ora antes de hablar y trátalos como personas hechas a imagen de Dios, con dignidad.

La amistad abre más puertas que el debate. Comparte tu mesa, escucha su historia y no caricaturices su fe. Muchos crecen, como Akhavan, cargando una culpa que nadie les quitó.

Habla de gracia, no de triunfos. Puedes contarle lo que Cristo hizo por ti sin despreciar su cultura ni su familia, y responder con tu propia historia cuando te pregunte. La conversión es obra de Dios; a nosotros nos toca amar con paciencia y dejarle el resultado a él.

Si conoces a alguien que cambió el miedo por la gracia, cuéntanos su historia. Y si tienes un amigo musulmán, empieza esta semana con una oración por él y una comida compartida.

Fuentes

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