Inundados y hostigados: la iglesia que resiste en India
Ocho personas murieron y más de 22 000 quedaron en campamentos de ayuda, según cifras oficiales citadas por International Christian Concern.
La peor crecida del Indravati en casi 15 años golpeó el distrito de Bastar, en Chhattisgarh, India, entre el 24 y el 27 de septiembre, informó International Christian Concern. Allí, los cristianos tribales quedaron inundados y hostigados a la vez.
Un ciclón y las lluvias del monzón alimentaron la crecida, y a eso se sumó el desagüe de una gran represa en el vecino estado de Odisha. El río se salió de su cauce junto a Jagdalpur, la cabecera del distrito, y cubrió aldeas ribereñas y extensas zonas de cultivo.
Las cifras oficiales que recoge International Christian Concern hablan de ocho muertos y unas 16 000 personas rescatadas. Más de 22 000 quedaron en campamentos de ayuda, y las inundaciones alcanzaron 571 aldeas. Entre los afectados hay una parte importante de los cristianos tribales, que viven a ambos lados del río.
«La crecida se retira; la presión no.»
Un templo de 20 personas como refugio
El pastor Golu Singh vive en un área suburbana junto a Jagdalpur. Su casa de barro se derrumbó con la lluvia y el agua, pero el templo pequeño de al lado, con espacio para unas 20 personas, resistió. Allí duerme ahora con su esposa, sus tres hijos y cinco familias más.
Las cinco familias que se refugian con él perdieron sus casas o las vieron muy dañadas; varias cocinan y duermen bajo lonas.
Singh venía de meses difíciles. En agosto y septiembre había recibido amenazas contra su vida de parte de nacionalistas hindúes, según International Christian Concern, por acompañar a una creyente que se negó a volver a su religión tribal para enterrar a su esposo fallecido.
La crecida se retira; la presión no
Para las familias cristianas de Bastar, el agua es la mitad del problema. Perdieron casas, animales, granos y tierras de cultivo. Desde hace más de un año, además, la hostilidad contra ellos ha crecido.
Detrás están sectores tribales de línea dura y facciones de la Hindutva, que presionan a los convertidos para que renuncien a su fe mediante el Ghar Wapsi, un ritual de reconversión al hinduismo.
Antes de la inundación, varios consejos de aldea ya habían impuesto boicots socioeconómicos inconstitucionales, según International Christian Concern: familias cristianas sin acceso a los pozos del pueblo, sin poder comprar en las tiendas locales y sin derecho a enterrar a sus muertos en tierras ancestrales.
A muchos también les impidieron sembrar arroz y otros cultivos durante el monzón; hoy sus parcelas son arena y piedra.
La doble expulsión se repite en los albergues. La administración estatal envió botes de emergencia y helicópteros de la Fuerza Aérea India para rescatar a los atrapados, pero activistas locales advierten que la desconfianza viaja con la gente: los mismos vecinos que los hostigaban semanas antes ahora los miran con sospecha bajo el mismo techo.
El agua empieza a bajar en la cuenca del Indravati, pero el panorama para los cristianos de Bastar sigue siendo frágil. La crecida se retira; la presión no.
Orar y sostener, sin banderas
Grupos cristianos como Esai Ekta Manch (Foro de Unidad Cristiana) y foros locales se organizaron para orar y llevar ayuda. Sus voluntarios repartieron raciones secas, lonas, agua limpia y botiquines de emergencia entre familias varadas a orillas del Indravati.
No hace falta ser político para acompañar a un hermano lejano. Ora por quienes reconstruirán sus casas de barro y volverán a sembrar en un ambiente hostil. Si puedes dar, hazlo por canales que conozcas y que rindan cuentas. «que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados» (2 Corintios 4:8, RVR1960).
¿Qué te cuesta más: creer que Dios sostiene a su iglesia cuando la crecida y la presión llegan juntas, o dar el primer paso para apoyarla? Cuéntalo en los comentarios y ora hoy por el pastor Singh y las familias que duermen en su templo.