Howerton usa escaleras en el sermón y recibe críticas
El sermón se basó en 2 Timoteo 3 y apuntó a los nuevos creyentes: quién gobierna tu vida.
El pastor Josh Howerton usó dos escaleras en el sermón del 20 de septiembre en la iglesia Lakepointe, en Rockwall, Texas, y las redes lo llenaron de críticas, informó NoticiaCristiana.com.
El mensaje se apoyó en 2 Timoteo 3, donde Pablo describe tiempos difíciles y una maldad que crece. Howerton lo dirigió a los nuevos creyentes y a una decisión concreta: qué autoridad va a gobernar sus vidas.
Para mostrarlo, se subió a las dos escaleras. Al inicio los peldaños parecen cercanos; con cada paso, los caminos se separan. Así explicó la tentación de avanzar en la fe y, al mismo tiempo, conservar la aprobación de quienes rechazan las convicciones cristianas.
«Un clip tampoco es un sermón, y la burla no es discernimiento.»
Dos caminos que empiezan pegados
Howerton advirtió que ser fiel a Cristo puede alejarte de personas y de ambientes, sobre todo cuando tus posturas morales chocan con lo que la sociedad celebra. Recordó la exhortación de Josué: «escogeos hoy a quién sirváis» (Josué 24:15, RVR1960). Según el pastor, llega un momento en que un pie en cada camino deja de ser posible.
Ahí está lo incómodo, y no está en el mobiliario. A los 16 o a los 30 años, caer bien pesa: en la escuela, en el trabajo, en el grupo de la iglesia, en los comentarios. El sermón apuntaba a esa tensión, y un fragmento de video no alcanza a mostrarla.
Un video de 143 000 vistas y un debate abierto
La reacción llegó rápido. Jon Elder, empresario cristiano, cuestionó públicamente el uso de las escaleras y calificó la demostración como un recurso escénico innecesario, según NoticiaCristiana.com. Una publicación suya, fechada el 1 de octubre, pasó las 143 000 visualizaciones y encendió el debate.
Howerton no se retractó. Sostuvo que fracasar de verdad es triunfar por un camino que contradice a Dios, y que permanecer firme en la fe puede costar aceptación social.
Me preocupa menos una escalera que la costumbre de juzgar una predicación entera por un fragmento. Crecimos midiendo todo con números: vistas, seguidores, reacciones. Esa misma métrica se nos metió en la manera de escuchar la Palabra y en la manera de juzgar a quien la predica.
La preocupación de fondo es legítima: el púlpito no es un escenario, y el espectáculo no reemplaza la exposición de la Escritura. Pero un clip tampoco es un sermón, y la burla no es discernimiento. Ni el predicador ni sus críticos caben en una publicación de redes.
Hay algo bueno en el debate: la iglesia local gana cuando se le exige fidelidad a la Biblia, y pierde cuando la conversación se vuelve concurso de ingenio. Escuchar a quien no piensa como tú también es amar al prójimo.
¿A quién buscas aprobar?
La aprobación que importa ya te fue dada en Cristo. No se compra con likes ni se cae cuando alguien deja de seguirte. Pablo lo escribió sin rodeos: buscar el aplauso de la gente y servir a Cristo no caben en la misma frase (véase Gálatas 1:10).
Antes de opinar del próximo sermón que te aparezca en el celular, escúchalo completo, o mejor, siéntate a oírlo en tu iglesia local. Ora por los pastores que enseñan, también por los que te caen mal. Y responde con honestidad la pregunta de Josué: ¿a quién buscas aprobar esta semana?