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OpiniónAnálisis

Tus redes no son tu ansiedad (pero tampoco tu cura)

Marina Mammoliti sostiene en Infobae que la ansiedad juvenil no se explica solo por las pantallas.

Por Daniel Herrera · Respira
· 3 min de lectura
Tus redes no son tu ansiedad (pero tampoco tu cura)
Foto: Erik Mclean / Pexels

¿Y si el problema no es el scroll? En un artículo de Infobae, Marina Mammoliti plantea que el aumento de ansiedad juvenil no se explica solo por las redes sociales, y tu ansiedad no cabe en una sola explicación.

El scroll no es el único culpable

Me alegra que esta conversación se abra desde otro lugar, porque llevamos años culpando a las pantallas. Y las pantallas tienen su parte. Pero detrás del scroll hay cosas más viejas: soledad, presión de rendimiento y una identidad sin raíz.

Piensa en cómo se ve. Pasas horas conectado y aun así nadie sabe que estás mal. Tus notas, tu trabajo, tu inglés, tu cuerpo: todo se vuelve una medición. Y si fallas, sientes que no fallas solo tú.

«El celular no crea ese vacío. Lo tapa.»

— Daniel Herrera

Ahí aparece el peso del que muchos jóvenes hispanos no hablan. Crecer entre dos culturas ya exige demasiado: traducir, sostener, representar. El mensaje que se cuela es que no puedes permitirte estar mal.

El celular no crea ese vacío. Lo tapa. Lo tapa con ruido, con comparaciones y con una comunidad que se apaga cuando bloqueas la pantalla.

Una identidad que no se mide

Aquí la Escritura es más honesta que muchos discursos. No promete una vida sin ansiedad. Promete un lugar donde dejarla: «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:7, RVR1960).

Y dice algo que ninguna aplicación puede decir: tu valor no empezó cuando alguien te aprobó. «Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras» (Salmos 139:14, RVR1960).

Eso no es un eslogan de autoayuda. Es una afirmación sobre quién te hizo, y por eso aguanta los días en que no rindes.

Fe y ciencia tampoco compiten. Si la ansiedad te está quitando el sueño, el apetito o la capacidad de estudiar, buscar a un profesional de la salud mental no es falta de fe. La oración acompaña; no reemplaza el tratamiento.

Dónde yo matizaría

Primero: me parece correcto mirar más allá de las pantallas, pero reducir todo a la cultura también se queda corto. Hay condiciones biológicas, historias familiares y contextos de migración o violencia que ningún cambio de hábitos resuelve.

Segundo: no convirtamos esto en una pelea generacional. He escuchado a jóvenes en Chicago y en Santiago decir que no pueden contarle a sus papás cómo se sienten. Y he escuchado a papás que trabajan doce horas para darles algo que ellos no tuvieron. Nadie en esa escena es el villano.

Tercero, y esto va para la iglesia: si el único mensaje que un joven ansioso escucha es «ora más», lo vamos a perder. No por falta de fe, sino por falta de espacio para ser honesto.

Antes de dormir, nombra en voz alta la carga que traes. Una sola. Después ora 1 Pedro 5:7 con tus propias palabras. Y si esa carga ya lleva meses contigo, cuéntaselo a un adulto de confianza, a un profesional de la salud o a tu pastor. En una emergencia, llama a los servicios de emergencia de tu país.

La ansiedad no se vence con fuerza de voluntad, y tu fe no se mide por lo tranquilo que pareces.

¿Qué es eso que tu teléfono tapa y que nadie en tu iglesia te ha preguntado todavía?

Fuentes

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