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OpiniónAnálisis

Tu primer empleo: la paradoja que no es tu culpa

Un artículo de La Nota Económica nombra el círculo que atrapa a quien busca su primer empleo.

Por Andrés Salazar · Bolsillo
· 3 min de lectura
Tu primer empleo: la paradoja que no es tu culpa
Foto: Tima Miroshnichenko / Pexels

La Nota Económica publicó un artículo sobre la paradoja del primer empleo, la que frena a una generación con ganas de trabajar. Es un buen nombre para algo que muchos viven. No es tu culpa.

Yo leo ese título como un espejo, no como una sentencia. Quien busca su primer trabajo choca casi siempre con la misma pared: el anuncio pide experiencia, y la experiencia solo se consigue trabajando. El círculo se cierra justo sobre quien tiene menos. Tras varios intentos, es fácil creer que el problema eres tú.

El problema no es tu actitud

La paradoja es real. Me pregunto si parte de la causa está en las empresas que ya no quieren formar a nadie y prefieren contratar a quien llega entrenado.

«El primer empleo no mide tu valor; mide una puerta que todavía no se abrió.»

— Andrés Salazar

Pero la frustración también cobra factura. Se vuelve cinismo, el cinismo se vuelve inacción, y la inacción se vuelve años que no regresan. Ese es el riesgo silencioso: no que te rechacen una vez, sino que dejes de tocar puertas.

Por eso separo dos cosas. Una es lo que no controlas. Otra es tu fidelidad, que sí está en tus manos. Sobre la primera puedes hablar, pedir cambios y no amargarte. Sobre la segunda, nadie más decide.

El trabajo es vocación antes que sueldo

En la Biblia el trabajo no aparece como castigo. Dios le da una tarea al ser humano antes de que existiera el pecado, y esa tarea es cultivar y cuidar. Trabajar es parte de ser imagen de Dios.

Eso cambia la conversación. Tu primer empleo no mide tu valor. Es un lugar donde aprendes a ser fiel.

«El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto» (Lucas 16:10, RVR1960). Un turno de fin de semana, un trabajo de verano, un favor bien hecho: todo cuenta.

Y cuenta porque el trabajo se hace para alguien más grande que el jefe de turno: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Colosenses 3:23, RVR1960).

No te voy a prometer que el empleo llegará esta semana ni que te pagarán lo que mereces. La fidelidad no es una fórmula; es una forma de vivir.

Puertas que se abren antes de la primera nómina

Hay caminos que no exigen dos años previos. Prácticas y pasantías, aunque paguen poco. Voluntariados con responsabilidad real, donde aprendes a cumplir horarios y a responder por un equipo. Oficios y carreras técnicas, que a veces abren antes que un título universitario. Un portafolio con tres trabajos ya hechos, aunque sean pequeños.

También las referencias. Un profesor, un líder de tu iglesia, un vecino que te vio cumplir. Muchas puertas se abren porque alguien te recomienda, no porque respondiste un anuncio.

Esta semana elige una sola puerta y da un paso concreto: escribe a esa persona, inscríbete en esa práctica, arma ese portafolio con lo que ya sabes hacer. El primer empleo no mide tu valor; mide una puerta que todavía no se abrió. Y si ya pasaste por ahí, ¿qué puerta se te abrió a ti?

Fuentes

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