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OpiniónAnálisis

Tres mitos sobre la ansiedad que sí te hacen daño

Entre 15 y 20 por ciento de las personas nace con una sensibilidad que intensifica lo que siente, y eso no es falta de fe.

Por Daniel Herrera · Respira
· 3 min de lectura
Tres mitos sobre la ansiedad que sí te hacen daño
Foto: Volodymyr / Pexels

En un artículo en RELEVANT Magazine, el pastor Jason Cusick desarma tres mitos sobre la ansiedad. Cuenta que la ha tenido toda su vida y que solo empezó a entenderla tras un tiempo intencional de consejería.

Cusick es pastor principal de una iglesia con varias sedes en el sur de California y autor de The Highly Sensitive Christian, del que este artículo es un extracto. Cita investigación sobre las personas altamente sensibles: entre 15 y 20 por ciento tendría una sensibilidad innata que la hace sentir con más profundidad.

El mito de que te falta fe

Cusick describe la ansiedad como la respuesta natural del cuerpo ante una amenaza. Según explica, Dios nos hizo con reflejos de pelear, huir, congelarnos o complacer. Hay una ansiedad buena, la que te despierta cuando algo pasa, y una mala, la que no se apaga y te limita la vida.

«Ni todo es pecado ni todo es química; el cuerpo y el alma van juntos, y Dios es Señor de los dos.»

— Daniel Herrera

Aquí acierta en algo que muchos jóvenes hispanos necesitan oír. Rendir para la familia, traducir para los papás, cargar con expectativas y sonreír el domingo cansa. Y cuando por fin lo dices, alguien responde «es que te falta fe». Eso no consuela; añade peso.

La Escritura no promete una vida sin miedo, promete compañía: «Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu» (Salmos 34:18, RVR1960).

Matizaría una cosa: reconocer que la ansiedad tiene causas biológicas no borra nuestra responsabilidad. Ni todo es pecado ni todo es química; el cuerpo y el alma van juntos, y Dios es Señor de los dos.

Evitar lo que temes entrena al miedo

Cusick sostiene que evitar alimenta la ansiedad. El cerebro aprende todo el tiempo, casi siempre debajo de la superficie: si huyes, le enseñas a seguir teniendo miedo. Enfrentar de a poco reentrena el sistema nervioso. Los neurocientíficos lo llaman neuroplasticidad, y al proceso, habituación. De niño entró en pánico en una piscina; con clases repetidas, su reacción cambió.

Es la parte más útil del artículo, si se lee con cuidado. No es una invitación a lanzarte solo a lo que te aterra ni una promesa de que en pocas semanas estarás bien. Es un proceso lento, y muchas veces necesita compañía: un consejero, un terapeuta, un médico.

Hay un paso que puedes dar hoy. Cusick repite una idea simple: no todo lo que piensas es verdad, así que observa lo que sientes antes de creerle. Lo resume de este modo: «Mis sentimientos son reales, pero puede que no sean verdad» (traducción de Sígueme). También propone mirar los pequeños momentos de seguridad, algo que conecta con «todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro» (Filipenses 4:8, RVR1960).

El mito de que Dios te debe certeza

El tercer mito es tratar la oración como una máquina de respuestas seguras. Cusick explica que la ansiedad es, en el fondo, poca tolerancia a lo incierto. Buscamos certezas y rara vez cumplen: incluso cuando llegan, la angustia puede quedarse.

Creo que aquí está el punto más pastoral. Oramos por un mapa y Dios responde con una presencia. La fe convive con preguntas abiertas, con decisiones que no controlamos y con gente que no nos va a querer como quisiéramos. Cusick propone aceptar el misterio como parte de la vida con Dios. Me parece honesto: la paz bíblica no depende de tener todo resuelto.

¿Qué haces esta semana? Nombra a una persona de confianza —un adulto de tu familia, tu pastor, un profesional de la salud mental— y cuéntale lo que sientes, con palabras claras. Si la angustia te quita el sueño, el apetito o el estudio, busca ayuda profesional pronto; ante una crisis, acude a los servicios de emergencia de tu país. Cargar esto solo nunca fue el plan de Dios. ¿A quién le vas a contar lo que sientes?

Fuentes

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