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Te escriben para comprar lo que vendes: así te roban

El comprador amable que insiste en una videollamada con pantalla compartida no busca tu producto: busca tu cuenta.

Por Andrés Salazar · Bolsillo
· 3 min de lectura
Te escriben para comprar lo que vendes: así te roban
Foto: Tim Samuel / Pexels

Cierra el trato y ya: eso quieres cuando alguien te escribe para comprar lo que vendes. Publicar en Marketplace o en grupos de WhatsApp es lo normal para vender un celular, unos tenis o el auto familiar.

El guion del comprador amable

El estafador no quiere tu auto ni tus tenis. Quiere entrar a tu cuenta bancaria y, de paso, a tu WhatsApp: tu chat es la puerta al dinero de tus contactos.

El primer mensaje suele ser impecable. Buena ortografía, el precio aceptado sin regatear y hasta una oferta de pagar el envío. Después llega la petición: «¿Me haces una videollamada para ver el producto?». Y en mitad de la llamada, otra: comparte tu pantalla.

«La vergüenza es la mejor aliada del estafador: mientras callas, él le sigue escribiendo a otros.»

— Andrés Salazar

Ahí está la trampa. Mientras tú mueves el celular para mostrar el artículo, la otra persona ve lo que aparece: notificaciones, códigos de verificación, saldos, el nombre de tu banco. Con eso puede entrar a tu cuenta o quedarse con tu WhatsApp.

Otra versión del mismo guion: te dicen que depositaron de más y te piden devolver la diferencia a otra cuenta. Cuando el primer depósito resulta falso, tu dinero ya salió y no vuelve.

«El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos» (Proverbios 14:15, RVR1960). El avisado no es el más desconfiado, sino el que revisa antes de actuar.

La prisa es la herramienta

Todo el guion se sostiene en una sola cosa: que decidas rápido. «Lo necesito hoy», «ya salí de viaje», «mi contador lo hace en cinco minutos». La prisa apaga el criterio, y sin criterio cualquiera acepta lo que no aceptaría con calma.

Cinco reglas que te ahorran el problema:

  • Nunca compartas pantalla con alguien que no conoces. Ni por una venta, ni por una «verificación».
  • No dictes ni reenvíes códigos de verificación. Ningún banco te los pide por chat.
  • No instales aplicaciones de soporte remoto porque el comprador «te va a ayudar».
  • El pago se confirma en tu propia aplicación o en tu banco, nunca en el comprobante que llega por WhatsApp. Un archivo se edita en dos minutos.
  • Para entregar, punto público y de día. Si es un auto, mejor frente a una cámara o en una agencia.

Caer no es vergüenza

Si ya te pasó, no eres tonto. La vergüenza es la mejor aliada del estafador: mientras callas, él le sigue escribiendo a otros. Llama a tu banco de inmediato, cambia contraseñas, avisa a tus contactos y pon la denuncia. Y cuéntaselo a alguien de confianza; cargar eso solo pesa más.

Prudencia no significa sospechar de todos. Significa cuidar bien lo que Dios te dio: el trabajo con el que pagaste ese celular, el auto que usa tu familia, la cuenta que sostiene tu mes. Administrar eso es mayordomía, no egoísmo.

Y si fallas en cuidarlo, la gracia sigue siendo gracia. Una estafa no te hace menos delante de Dios ni te saca de su familia. Conviene decirlo en voz alta, porque el miedo a la vergüenza hace más daño que la pérdida.

Jesús envió a sus discípulos con una instrucción que sirve para un chat: «sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas» (Mateo 10:16, RVR1960). Prudentes al negociar, sencillos al tratar a la gente.

Hoy mismo, antes de publicar otra cosa, activa la verificación en dos pasos en tu WhatsApp y revisa que las notificaciones de tu banca no muestren saldos. Son dos minutos que evitan meses de trámite.

¿Qué harías si mañana el comprador amable te pide la videollamada? Cuéntame en los comentarios.

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