Saltar al contenido
Sígueme.Magazine
Donar

Síguenos

«Ven, sígueme.» — Mateo 4:19

English
OpiniónAnálisis

Sin trabajo a los 24 pesa más que la plata

ladiaria.com.uy pregunta si el desempleo juvenil influye en la ansiedad y la depresión, y esa duda merece algo más que frases hechas.

Por Daniel Herrera · Respira
· 3 min de lectura
Sin trabajo a los 24 pesa más que la plata
Foto: Sanket Mishra / Pexels

En un artículo en ladiaria.com.uy, se pregunta si el alto desempleo juvenil tiene algo que ver con la depresión y la ansiedad en los jóvenes. Estar sin trabajo a los 24 no es un detalle menor.

Me parece una pregunta necesaria, y me alegra que se haga en voz alta. Durante mucho tiempo tratamos el malestar de los jóvenes como un asunto de carácter: si te sientes mal, es porque no te esfuerzas. Pero cuando llevas meses mandando currículos y nadie contesta, el desgaste va más allá del dinero que falta.

Lo que pesa además del sueldo

Creo que el desempleo, por sí solo, no explica la depresión ni la ansiedad. Decir lo contrario sería simplificar algo con muchas causas. Lo que sí pesa es la incertidumbre: no saber si el próximo mes podrás pagar el transporte, el celular o la parte de la renta que te toca.

«Estar sin trabajo a los 24 no es un detalle menor.»

— Daniel Herrera

Pesa también la vergüenza. En muchas familias hispanas, el primer empleo funciona como un rito de paso: el día en que dejas de recibir y empiezas a aportar. Cuando eso tarda, la pregunta «¿y tú qué haces?» en la cena se vuelve un examen.

Y pesa la comparación. En redes ves a compañeros de tu generación con su primer sueldo, su primer auto o un viaje que no puedes costear. Tú ves tu bandeja de entrada. Esa distancia entre lo que muestran y lo que vives desgasta más de lo que se admite.

Para quien migró, el peso se multiplica. En ciudades como Santiago o Chicago, un joven sin redes de apoyo enfrenta al mismo tiempo trámites, idioma y soledad. Buscar trabajo se convierte entonces en un trabajo sin pago.

Ni «échale ganas» ni «solo ora»

Las dos frases más repetidas en la iglesia fallan por caminos distintos. «Échale ganas» supone que la voluntad alcanza para todo, y hay tristezas que no ceden con esfuerzo. «Solo ora» convierte la oración en sustituto de la ayuda profesional. No compiten: la oración y el acompañamiento terapéutico pueden ir juntos.

Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28, RVR1960). La invitación es para el cansado, no para quien ya tiene todo resuelto. Eso incluye al que lleva ocho entrevistas y ningún contrato.

También recuerdo que el valor de una persona no depende de lo que produce: «La congoja en el corazón del hombre lo abate; mas la buena palabra lo alegra» (Proverbios 12:25, RVR1960). Una buena palabra no arregla la economía, pero sostiene a quien la escucha.

La iglesia también cuenta a quien no trabaja

Me pregunto cómo valoramos en la iglesia a quien no tiene empleo. Cuando el saludo de cada domingo es «¿y en qué trabajas?», sin querer jerarquizamos: el que tiene un puesto firme parece valer más que el que busca. No debería ser así.

Si estás en esa situación, hay un paso concreto: cuéntaselo a alguien de confianza. No lo cargues solo. Habla con tu pastor, con un familiar o con un amigo que sepa escuchar. Y si la angustia te acompaña por semanas, busca ayuda profesional sin culpa; pedir ayuda no es falta de fe.

En una emergencia, llama a los servicios de emergencia de tu país. En https://findahelpline.com puedes encontrar la línea de ayuda disponible donde vives.

¿Y cómo trata tu iglesia a quien no tiene trabajo? Me interesa leerte.

Fuentes

Comparte esta nota

Síguenos también en redes

@SiguemeMagazine en todas: videos, noticias del día y comunidad.