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OpiniónAnálisis

Perdonar no es volver: la paz también pide distancia

El perdón suelta la deuda ante Dios; la reconciliación necesita arrepentimiento y, a veces, una distancia prudente.

Por Daniel Herrera · Respira
· 3 min de lectura
Perdonar no es volver: la paz también pide distancia
Foto: Prensa oficial de Samy Galí

En un video corto titulado «Puedes perdonar… y aún así alejarte», Samy Galí plantea que perdonar no es volver: se puede soltar el rencor y aun así reconocer que regresar a ese lugar no haría bien. Él añade que querer el bien de alguien desde lejos también puede ser una forma de paz.

Coincido con ese punto de partida. La frase que muchos escuchamos alguna vez —«si no vuelves, es que no perdonaste»— junta dos cosas que la Escritura separa con cuidado, y esa confusión ha hecho daño a más de uno.

El perdón suelta la deuda; volver la cobra

Perdonar es un movimiento vertical: suelto ante Dios lo que esa persona me debe. Reconciliar es horizontal, y necesita dos. Jesús lo dijo así: «Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale» (Lucas 17:3, RVR1960). Reprensión y arrepentimiento aparecen en el mismo versículo que el perdón.

«Existe una distancia que nace del rencor y otra que nace de la sabiduría.»

— Daniel Herrera

El perdón de Dios no ignora el mal: la cruz muestra que la deuda se paga. Con nosotros pasa algo parecido. Perdonar sin que el otro se arrepienta es posible, y es un mandato. Reconciliar sin arrepentimiento es otra cosa, y suele dejar la puerta abierta al mismo daño.

La culpa que empuja a volver

Aquí quiero matizar a Galí. Su idea funciona como alivio para quien carga culpa, pero el perdón no es una técnica para quedarse tranquilo. Es una decisión delante de Dios y a veces duele. Existe una distancia que nace del rencor y otra que nace de la sabiduría. Confundirlas es fácil.

Si evitas a alguien para que sufra, tienes cuentas pendientes. Si te alejas porque esa relación te daña una y otra vez, no estás siendo rencoroso; estás cuidando lo que Dios te dio. Piensa en dos casos que esta generación conoce: volver con un ex que no cambió, o con un papá que aparece solo cuando le conviene. La culpa se disfraza de voz de Dios, pero Dios no conduce a nadie por la vergüenza hacia un lugar donde lo van a lastimar.

Soltar de lejos, sin cinismo

¿Y qué hago con el rencor que queda? Nombrarlo delante de Dios. Perdonar es dejar de cobrar, no fingir que nada pasó. También es renunciar a contarlo cada vez que puedo, porque el resentimiento se alimenta de audiencia. Y no hay que fingir cercanía: Romanos 12:18 reconoce que la paz depende de dos. «Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres» (Romanos 12:18, RVR1960).

Perdona hoy, aunque nadie venga a pedirte perdón. Ora por esa persona sin mentirte: pide que le vaya bien y que Dios también le hable al corazón. Si el tema te pesa, busca a un pastor o a un profesional; no tienes que cargarlo solo. Y antes de reabrir esa puerta, pregúntate con honestidad: ¿sostengo esta relación por culpa o por paz? Si es por culpa, hoy puedes soltar la deuda en oración y quedarte a una distancia sana, con el corazón libre.

Fuentes

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