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Antonio Florido publica «Perdona a Papá», sobre el perdón

El autor puertorriqueño dedica su nuevo libro a las heridas que deja la figura del padre y al perdón como camino.

Por Valeria Montes · Agenda
· 3 min de lectura
Antonio Florido publica «Perdona a Papá», sobre el perdón
Foto: artmoon / Pexels

El Dr. Antonio Florido publica Perdona a Papá, un libro sobre las heridas que deja la figura paterna y el camino del perdón, según Altar7.

La herida que no se atiende se hereda

Nadie escoge al papá que le toca. Hay padres que estuvieron físicamente pero nunca en la conversación: llegaban cansados, callados, con el celular en la mano. Y hay casas donde el papá simplemente no estaba.

Lo difícil no es solo lo que pasó entonces. Es lo que ese vacío hace después, cuando empiezas a elegir pareja, trabajo o iglesia desde una carencia que nunca nombraste.

«Las heridas que nadie atiende se vuelven herencias.»

— Valeria Montes

El libro examina esa herida y propone una ruta bíblica para perdonar y reconstruir la familia, según Altar7. No es un manual para repartir culpas. Es una invitación a mirar lo que se repite.

Las heridas que nadie atiende se vuelven herencias. No porque haya una maldición automática, sino porque lo que no se nombra se copia: el mismo tono cortante, la misma distancia, la misma costumbre de desaparecer del cuarto cuando hay conflicto.

Perdonar no es decir que no pasó nada

Conviene decirlo claro: perdonar no es justificar. No es llamar bueno lo que hizo daño, ni fingir que la infancia fue otra, ni firmar un pacto de silencio. Perdonar es renunciar a cobrar lo que se debe, y eso se hace delante de Dios, no delante de quien lastimó.

«Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo» (Efesios 4:32, RVR1960).

Ese perdón no depende de que la otra pida disculpas ni de que cambie. La reconciliación es otra cosa: necesita arrepentimiento y verdad. A veces no llega, y poner límites es válido. Si la herida viene de violencia o abuso, no la cargues solo: habla con un adulto de confianza, con tu pastor o con un profesional de la salud.

También vale decir lo que el perdón no promete. No garantiza que la relación se arregle ni que la familia quede como en las fotos. Puede que el otro nunca reconozca nada. El perdón sigue siendo posible porque no depende de él.

¿Qué herencia quieres dejar tú?

Un ciclo no se corta con un sentimiento. Se corta con una decisión sostenida, y casi siempre empieza por mirar de frente lo que nadie en tu familia quiso tocar.

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17, RVR1960).

Piensa en lo que cargas sin darte cuenta: la manera de discutir, la forma de pedir perdón, la costumbre de callarte. Eso también es herencia, y también se puede revisar. No se trata de fingir una familia feliz ni de forzar abrazos en Navidad. Se trata de que la próxima generación no reciba lo que nadie quiso nombrar.

Esta semana, escribe en una hoja el nombre de la persona que más te cuesta perdonar y una sola acción posible: orar por ella, buscar consejo o dejar de repetir su error en tu propia casa. ¿Qué herencia quieres dejar tú?

Fuentes

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