5,000 jóvenes se reúnen en la conferencia Revolución
CDN reportó más de 5,000 jóvenes en la conferencia Revolución, una cifra que deja una pregunta abierta: qué sostiene esa fe el lunes.
Más de 5,000 jóvenes se reunieron en la conferencia Revolución, informó el medio dominicano CDN. La cifra sorprende, pero la pregunta seria llega después: ¿qué de todo eso sobrevive el lunes por la mañana?
Una convocatoria de ese tamaño dice algo antes de que alguien tome el micrófono. En una generación que consume casi todo en fragmentos de quince segundos, 5,000 personas deciden apartar un día para escuchar sobre Dios. Eso merece atención.
Identidad antes que aplausos
A los 16 uno quiere saber quién es. A los 22, qué va a hacer con su vida. A los 28, si lo que construyó aguanta. Esas preguntas caben en cualquier conferencia de jóvenes, y también en una sobremesa con tu mamá un domingo.
«La fe cristiana no se mide en eventos, se mide en fidelidad ordinaria»
El asunto es de dónde salen las respuestas. Si tu identidad depende de cuántos te siguen o de cuántos te aplauden, cualquier evento sirve para la foto del sábado y nada más. Si sabes que fuiste creado a imagen de Dios, un encuentro así puede tocar algo más hondo que la emoción de un momento.
Jesús lo dijo sin rodeos: «Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Marcos 8:36, RVR1960). La pregunta no es enemiga de la fiesta. Es la que evita que salgas de una conferencia con la cabeza llena y el corazón igual que antes.
Lo que queda cuando termina el evento
Las reuniones grandes tienen un problema de fábrica: terminan. Se apagan las luces, se cierra el recinto, cada quien vuelve a su colonia, su trabajo, su escuela. Y ahí, en la rutina, se prueba si lo vivido fue un fin de semana bonito o el inicio de otra cosa.
Pablo escribió que somos hechura de Dios, «creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efesios 2:10, RVR1960). Fíjate en el detalle: las obras ya estaban preparadas. No tienes que inventar tu misión desde cero; tienes que caminar en la que ya existe, muchas veces en cosas pequeñas que nadie aplaude.
Por eso me interesa menos cuántos levantaron la mano en una reunión así y más qué pasa el jueves a las 7 de la mañana, cuando suena la alarma. La fe cristiana no se mide en eventos, se mide en fidelidad ordinaria: volver a la iglesia local, leer la Biblia aunque no sientas nada, pedir perdón rápido, cumplir lo que prometiste.
También importa la comunidad. Miles de personas juntas son un testimonio de que no estás solo, pero nadie crece espiritualmente en una multitud anónima. Se crece en un grupo pequeño donde alguien nota cuando faltas y te pregunta por qué.
El lunes también es culto
Si estuviste en algo así, o si lo viste por redes, aquí va un paso concreto. Escribe en una nota de tu celular la decisión que te llevaste. Una sola. Con fecha incluida. Compártela con alguien que te conozca y pídele que te pregunte en dos semanas.
Después busca tres personas de tu edad en tu iglesia y propón reunirse quincenalmente para orar y leer un pasaje. No hace falta un plan de doce pasos ni una plataforma. Hace falta constancia.
Y si el evento te dejó con ganas pero sin raíces, empieza por lo básico: un evangelio, un capítulo al día, una iglesia donde te enseñen la Escritura completa y no solo frases bonitas.
5,000 jóvenes reunidos es una buena noticia. Que esos 5,000 sigan firmes en marzo, cuando ya nadie esté grabando, sería una mejor. ¿Qué vas a hacer para que lo que Dios te mostró no se quede en el recuerdo de un fin de semana?