La mitad de los adolescentes pidió ayuda primero
Casi la mitad de los 6212 adolescentes que respondieron al sondeo de UNICEF Colombia puso la salud mental como su mayor preocupación.
UNICEF Colombia preguntó durante dos meses a 6212 adolescentes de entre 10 y 18 años de todo el país. Casi la mitad de los adolescentes puso la salud mental en primer lugar. No exageras y no estás solo.
Lo que contestaron 6212 voces
El sondeo fue virtual y se difundió por redes sociales, con el empuje de la red «Adolescentes en Movimiento por sus Derechos» y de quienes fueron al Biz Fest en Cali y Medellín, informó UNICEF Colombia.
Al menos 2817 participantes, prácticamente la mitad, señalaron que las afectaciones a la salud mental —entre ellas la depresión y la ansiedad— están entre los problemas que más afectan a la niñez.
«Pedir ayuda a tiempo es la forma más honesta de cuidar lo que Dios te confió.»
En segundo lugar quedaron las violencias en las escuelas, incluido el matoneo. Después aparecen dos inquietudes que hablan de cómo se siente un joven: no ser tenido en cuenta en las decisiones que le afectan y no encontrar oportunidades de trabajo.
Más abajo en la lista están el reclutamiento por grupos armados, las violencias en casa y en la comunidad, la falta de agua y electricidad, el uso excesivo de pantallas y el cambio climático.
Me detengo en el orden de esa lista. Antes de las becas, antes del empleo, antes de casi todo, alguien escribió que no está bien por dentro. Eso no es drama ni debilidad. Es una radiografía de lo que estamos fallando como adultos.
Hay otra ironía. Los mismos adolescentes que crecieron con una pantalla en la mano piden ahora espacios deportivos, culturales y recreativos para no vivir pegados a ella. Y suman el cuidado del medio ambiente a la lista.
Pedir ayuda no es exagerar
Los propios adolescentes pidieron más acceso a atención psicológica, sobre todo en las escuelas, y entornos seguros donde el matoneo no pase de largo. Lo pidieron ellos con sus palabras.
A nadie le piden un diagnóstico para escucharlo. Puedes contarle a tu mamá, a tu papá, a un hermano mayor, a un amigo que no se burla, a un orientador del colegio o a tu pastor que hay días que pesan demasiado. Pedir ayuda a tiempo es la forma más honesta de cuidar lo que Dios te confió.
Tampoco se trata de elegir entre oración y terapia. La oración no reemplaza al profesional de la salud, y el profesional no reemplaza a la comunidad que ora y sostiene. Dios suele usar personas concretas: una que escucha, otra que acompaña, otra que te recuerda que no estás solo.
Una iglesia que pregunta y espera la respuesta
«Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.» (Gálatas 6:2, RVR1960)
Ese mandato se cumple en cosas pequeñas: preguntar cómo estás y quedarte a oír la respuesta. También en no responder con un versículo cuando alguien necesita que le digan «te escucho». Si lideras un grupo de jóvenes, aprende a derivar: hay dolores que necesitan un psicólogo y no un consejo apresurado.
Hoy puedes hacer algo concreto: elegir a una persona de confianza y contarle una parte real de lo que sientes. No todo de golpe; una parte. Y si notas a alguien callado, pregunta dos veces: la primera respuesta casi siempre es «estoy bien»; la segunda abre la puerta. ¿A quién le cuentas lo que sientes?