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Colegios piden ayuda: la ansiedad no se cura con protocolos

En Posadas, un equipo de salud mental entró a un colegio porque la escuela lo pidió; la ansiedad es lo que más aparece.

Por Daniel Herrera · Respira
· 3 min de lectura
Colegios piden ayuda: la ansiedad no se cura con protocolos
Foto: Sasha P / Pexels

En Posadas, Argentina, los colegios piden ayuda y un equipo del Instituto de Previsión Social entró al Colegio Martín de Moussy con el programa Salud Integral en la Adolescencia, informó El Territorio.

La ansiedad encabeza los síntomas que más se ven en esa franja de edad, según Constanza Logegaray, directora del Departamento de Salud Mental del IPS, en diálogo con «Acá te lo Contamos», por la 100.7. La demanda de atención creció, y el pedido de las escuelas se repite en la región.

Si alguna vez sentiste el pecho apretado antes de entrar a clases, no estás exagerando ni te falta fe. Eso tiene nombre, y hay gente preparada para acompañarte.

«Los protocolos ordenan y hacen falta. Pero ningún formulario abraza.»

— Daniel Herrera

Los docentes levantaron la mano primero

El reclamo no nació en un escritorio. Nació en las aulas, donde los profesores ven a sus alumnos desbordados y no siempre saben cómo acompañarlos. En agosto, según El Territorio, una capacitación de Unicef llegó al colegio para entrenar al equipo docente.

El IPS trabaja con dos líneas, contó Logegaray. Una es clínica, con psicóloga, trabajadora social, asesoramiento jurídico, nutricionista y psiquiatra según el programa. La otra es prevención, con equipos que salen a la comunidad.

Todo el último semestre estuvieron abocados a los adolescentes. La necesidad de pedir ayuda, dijo, aparece en cada organismo, y la comunidad entera anda desbordada con las urgencias del día. Por eso insiste en el trabajo en red.

Un protocolo no escucha; una persona sí

Los protocolos ordenan y hacen falta. Pero ningún formulario abraza. Lo que sostiene a un chico con ansiedad o depresión es alguien que se sienta cerca, aguante el silencio y valide lo que siente. Logegaray lo formuló sin vueltas: «No minimizar el sufrir de los adolescentes».

Los factores que protegen son simples y cotidianos: dormir bien, comer bien, tener espacios de recreación y un grupo con el que identificarse. A esa edad todavía se necesita la guía de un adulto.

Sobre todo cuando las identificaciones se enganchan con retos virales y otras cosas que dejan más fragilidad que fuerza. Y los adultos también andamos ocupados; a veces nos falta conectarnos con los chicos.

La fe no reemplaza al psicólogo ni al psiquiatra. Hace otra cosa: te da a quién entregar el peso. «Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:7, RVR1960). Y después pone gente al lado: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo» (Gálatas 6:2, RVR1960).

Pregunta cómo está, de verdad

Esta semana elige a una persona: un compañero de salón, un primo menor, alguien de tu grupo pequeño. Pregúntale «¿cómo estás de verdad?» y quédate ahí. No llenes el silencio con consejos ni con versículos a presión. Escuchar ya es acompañar.

Si el que está ahogado eres tú, no lo cargues solo. Habla con un adulto de confianza, con un profesional de la salud o con tu pastor. En una emergencia, busca los servicios de emergencia de tu país, y en findahelpline.com puedes encontrar la línea de ayuda que corresponde al tuyo.

Nadie se sostiene con un manual. Nos sostenemos con presencia. Esta semana tienes delante a alguien que necesita justamente eso.

Fuentes

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