Migrantes que se sienten solos: la iglesia puede escuchar
Casi una cuarta parte de quienes migran dice sentirse sola y con ansiedad; la iglesia puede ser el primer lugar seguro.
Telemundo Atlanta informó, dentro de la serie #VivirMejor, que casi 25% de los inmigrantes confiesa sentirse solo y sufrir ansiedad (Telemundo Atlanta). También hay migrantes que se sienten solos en iglesias llenas, y esa cifra debería quitarnos la prisa.
No leo ese número como termómetro de la fe de nadie, sino como una herida. Cambiar de país desarma las redes que sostenían la vida: la familia cerca, el amigo del barrio, el pastor que sabía tu nombre. Llegas a un lugar donde todo funciona, pero donde nadie te espera el domingo. Nadie debería llamar a eso falta de fe. Es una pérdida con nombre propio, y nombrarla es el primer paso para acompañarla.
Lo que la cifra no alcanza a decir
Un porcentaje tan alto debería incomodar a cualquiera que trabaje con jóvenes. Porque el joven que se siente solo casi nunca lo dice.
«Nadie debería llamar a eso falta de fe. Es una pérdida con nombre propio.»
No lo dice en casa, para no preocupar a quienes hicieron tantos sacrificios. No lo dice en la iglesia, porque teme que le respondan con un versículo a presión y le llamen falta de fe. Entonces sonríe, sirve en el equipo de alabanza, traduce el sermón para sus papás y vuelve a su cuarto con el mismo peso encima.
El salmista no escondió ese peso: «Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu» (Salmos 34:18, RVR1960). Dios no se ofende con quien llora. Se acerca.
Fe no es anestesia
Aquí quiero ser claro, porque a veces mezclamos dos cosas. Orar es necesario. Orar no es lo mismo que tratar una ansiedad clínica.
La ansiedad que no deja dormir, que aprieta el pecho y no se va con una noche de descanso necesita acompañamiento profesional, igual que una fractura necesita un médico. La oración acompaña ese proceso; no lo reemplaza. Un versículo mal usado puede cerrar una puerta por años.
Sustituir terapia por oración no es fe, es abandono con lenguaje religioso. Pablo lo dijo de otra forma: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo» (Gálatas 6:2, RVR1960). Sobrellevar no es dar consejos rápidos. Es quedarse.
Un lugar seguro antes que una respuesta correcta
Me pregunto cuántos jóvenes entre dos culturas están sentados en nuestras bancas sin que nadie sepa su nombre completo.
La iglesia tiene algo que ninguna red social ofrece: presencia. Un rostro que te reconoce cada semana, una comida compartida, alguien que pregunta dos veces porque la primera respuesta siempre es «todo bien».
No hace falta un programa enorme. Hace falta un adulto que escuche sin interrumpir y sin diagnosticar, y un grupo pequeño donde se pueda decir «hoy no estoy bien» sin que se vuelva tema de toda la congregación.
Si te reconoces en esa cifra, da un paso esta semana: cuéntaselo a una persona de confianza, a tu pastor o a un profesional de la salud. Si es una emergencia, llama a los servicios de emergencia de tu país. Y algo que en Sígueme recomendamos: el directorio findahelpline.com.
La soledad no se resuelve con más actividad, sino con alguien que se siente a tu lado. ¿A quién podrías escuchar hoy?