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OpiniónAnálisis

Inseguridad alimentaria en México: comer menos ya cuenta

El INEGI registró 3.8 millones de hogares con menores donde también se recortó la comida en la mesa familiar.

Por Andrés Salazar · Bolsillo
· 3 min de lectura
Inseguridad alimentaria en México: comer menos ya cuenta
Foto: Sami Aksu / Pexels

En Xataka México, un artículo sobre la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI reúne cifras de inseguridad alimentaria en México: 7.2 millones de hogares sin acceso suficiente a los alimentos. El dato incomoda y merece algo más que un titular.

Comer menos ya cuenta como quedarse sin comer

El INEGI no midió solo platos vacíos. En 16% de los hogares con adultos, alguien comió con muy poca variedad; en 11.5%, menos de lo que consideraba necesario; en 7.1%, se saltó el desayuno, la comida o la cena por falta de dinero. El mismo reporte separa cada situación para que no se confundan.

Ahí hay algo que se pasa por alto: la escasez se instala antes de que la nevera quede vacía. Primero se recorta la variedad, después la porción, más tarde la comida del día. En los hogares con restricciones más severas, 31% reportó que una persona adulta sintió hambre y no comió.

«La escasez se instala antes de que la nevera quede vacía.»

— Andrés Salazar

En 27.9% de esos hogares alguien comió una sola vez al día o pasó un día entero sin probar bocado. El INEGI también registró que 6.5% de los hogares perdió el acceso a los alimentos en algún momento de los tres meses previos a la encuesta, siempre por falta de dinero.

El panorama pesa más cuando hay menores: 3.8 millones de hogares con niños y adolescentes registraron limitaciones para los adultos. En 55.1% de ellos bajó la variedad de lo que comían los menores, y en 19.2% alguno se acostó con hambre.

El peso de la comida en el presupuesto

La ENIGH 2024 del INEGI pone números a esa presión: alimentos, bebidas y tabaco se llevaron 37.7% de lo que los hogares registraron como gasto promedio en un trimestre. Cuando una parte tan grande del dinero disponible se va en la mesa, cualquier subida de precios o una quincena corta desordena el mes completo.

Por eso me incomoda el discurso que reduce todo a mala administración. Hay millones de hogares haciendo cuentas finas con ingresos que no alcanzan, y culparlos no alimenta a nadie.

La mayordomía bíblica va más allá de apretarse el cinturón. Reconoce que lo que administro no me pertenece del todo. «sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos» (2 Corintios 8:14, RVR1960).

Qué hacer con tu primer presupuesto

No hay fórmula mágica, y desconfío de quien la venda.

Pero hay pasos que sí dependen de ti: anota un mes entero lo que gastas en comida, aparta el dinero de la despensa antes que el del gusto y cocina por tandas para no tirar lo que compraste.

Si comes fuera por trabajo o estudio, ese gasto también es parte de tu presupuesto, no un extra. Un joven que apenas empieza a pagar su propia comida descubre rápido que reducir variedad no es ahorro: es la primera señal de una mesa que se estrecha.

Y hay algo más incómodo. Si en tu iglesia o en tu grupo sabes de alguien que está comiendo menos, la respuesta no es un consejo financiero. Es una despensa compartida, una invitación a comer en casa, una pregunta honesta.

Todo esto convive con una confesión sencilla: el pan de cada día se pide. «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy» (Mateo 6:11, RVR1960). Esta semana anota lo que gastas en comida durante siete días y decide de antemano cuánto vas a compartir. Si tú eres quien está comiendo menos, no lo cargues en silencio: cuéntaselo a alguien de confianza.

Fuentes

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