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OpiniónAnálisis

Heart of the Beast ama, pero no nombra al Redentor

El director contó a The Christian Post que su fe marcó la historia; la película celebra el perdón sin nombrar al Redentor.

Por Mateo Ríos · Frecuencia
· 3 min de lectura
Heart of the Beast ama, pero no nombra al Redentor
Foto: Matheus Bertelli / Pexels

¿Aguantar es lo mismo que esperar? En Heart of the Beast, con Brad Pitt, David Ayer explora la perseverancia y cuenta a The Christian Post que su fe cristiana marcó la historia, según La Corriente.

En esa entrevista, Ayer habló de la falta de sentido que ve en la gente y de los mensajes contradictorios que recibe. Para él, la fe ofrece una orientación: «Si estás orientado hacia Dios, siempre vas a saber el camino en cualquier situación dada», declaró.

La cinta lo reúne otra vez con Brad Pitt, después de Fury, de 2014. Y el personaje de Pitt, James Belmont, es un veterano de las fuerzas especiales que arrastra heridas emocionales de su servicio militar. La historia lo deja solo en la naturaleza, acompañado por Odin, el perro retirado que fue su compañero en combate.

«La fe queda como motor de resiliencia, y los motores se apagan.»

— Mateo Ríos

El amor que se gasta por otro

Ayer dijo que en ese vínculo quiso explorar el amor incondicional, el desinteresado y el que se entrega por el otro. Su idea es que dos personas que se aman de verdad se sostienen y se rescatan la una a la otra todo el tiempo.

Eso es lo mejor de la propuesta. El amor que se gasta por alguien más es la marca de Dios en el ser humano, incluso en uno cansado y caído. Una película que pone ese amor en el centro acierta en algo verdadero sobre nosotros.

También me parece honesto el otro lado. Ayer conversó con personas de las operaciones especiales para entender la culpa de quienes no lograron rescatar a todos, y esa carga está en la historia. No hay triunfalismo: las heridas no se cierran con una frase bonita.

Sobre la naturaleza, el director ve un sentido espiritual. Dice que la Escritura repite que la soledad en el mundo natural trae paz y una revelación de uno mismo. Buen punto de partida, y también un lugar donde alguien puede quedarse: mirarse por dentro no es lo mismo que ser perdonado.

El perdón no es un trámite

Ayer también afirmó que la Biblia deja claro que recibes perdón si caes y lo pides; en su lectura, pedir es lo único que hace falta. No me toca juzgar su fe ni su corazón. Pero leo la misma Biblia y noto que la frase se queda corta: el perdón es gratis para ti y costosísimo para otro.

Alguien tuvo que pagarlo. Pedir perdón no es una palanca que te devuelve las fuerzas; es volver a Jesús y descansar en lo que hizo en la cruz. La diferencia pesa más cuando el que pide está en el suelo y no encuentra con qué levantarse.

La esperanza no cabe en tu aguante

Mi reparo con la historia es este. La perseverancia, el perdón y la esperanza aparecen como fuerzas que el personaje halla dentro de sí. La fe queda como motor de resiliencia, y los motores se apagan.

El profeta lo dijo mejor: «aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz» (Miqueas 7:8, RVR1960). Se levanta, sí, pero la luz no es su aguante. Es Dios quien sostiene al que ya no puede.

A nuestra generación le encanta el «no te rindas», y yo también lo aplaudo. El problema es poner ahí la esperanza. El día que tu resistencia falle —y va a fallar— te quedas sin piso. La Escritura apunta a otro lado: «puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe» (Hebreos 12:2, RVR1960).

Esta semana, antes o después de ver Heart of the Beast, hazte una pregunta incómoda: cuando caes, ¿a quién llamas primero? Si la respuesta es tu propia fuerza de voluntad, cuéntaselo hoy a un amigo cristiano, a tu pastor o a alguien de confianza. Al final, quien te sostiene es Aquel a quien vuelves, no tu aguante.

Fuentes

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