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OpiniónAnálisis

Fe y tristeza: no tienes que fingir que estás bien

Jonathan Avila recuerda que Marta habló con Jesús desde su dolor y que la fe no exige esconder las preguntas.

Por Daniel Herrera · Respira
· 2 min de lectura
Fe y tristeza: no tienes que fingir que estás bien
Foto: Prensa oficial de Jonathan Avila

Marta no se secó las lágrimas antes de hablar con Jesús. Jonathan Avila lo plantea en su devocional: no tienes que fingir que estás bien ni esconder tus preguntas delante de Dios.

Una fe que no pide caras de calma

El devocional se titula «Tener fe no significa dejar de sentir tristeza», y Avila lo resume así: «Puedes confiar en Jesús y, al mismo tiempo, estar pasando por un momento difícil».

Marta sale al encuentro de Jesús con el dolor por delante: «Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto» (Juan 11:21, RVR1960). No es una frase bonita de tarjeta; es un reclamo dicho con fe. Jesús no la reprende. Minutos después, él también llora: «Jesús lloró» (Juan 11:35, RVR1960).

«La fe no niega el dolor: lo lleva a Jesús, tal como está.»

— Daniel Herrera

Lo que más me convence del devocional de Avila es que no espiritualiza la tristeza ni la trata como enemiga de la fe. En la práctica, muchos jóvenes aprenden lo contrario: en la iglesia se sonríe, en redes se publica la mejor versión de la semana y las preguntas se guardan para después. Ese «después» a veces no llega.

Me pregunto cuántas veces hemos confundido la madurez espiritual con aguantar en silencio. La fe no niega el dolor: lo lleva a Jesús, tal como está.

Tristeza no es diagnóstico

Aquí yo matizaría algo. La tristeza tiene causas concretas: un duelo, una mudanza, deudas, insomnio, soledad, cambios en el cuerpo. Ninguna se resuelve con un versículo leído rápido.

Orar es bueno y necesario, y no reemplaza a un médico ni a un psicólogo. Véase el Salmo 34:18: Dios se acerca al quebrantado, y muchas veces lo hace a través de manos humanas, incluidas las de un profesional. La fe y la ciencia no compiten aquí: Dios es Señor de lo que pasa en tu cuerpo y en tus emociones.

Tampoco reparto etiquetas. No todo el que está triste pecó, y no todo el que sonríe está bien. Buscar ayuda no es falta de fe: es cuidar la vida que Dios te dio. Contar cómo estás tampoco es quejarse; es dejar que otros carguen contigo (véase Santiago 5:16).

Un paso para hoy

Me quedo con lo esencial: la tristeza no es falta de fe. Si hoy te cuesta levantar la cara, no tienes que arreglarla antes de orar. Cuéntale hoy a alguien de confianza cómo estás de verdad, sin resumen editado y sin «todo bien». Si el ánimo no mejora en semanas, o si aparecen pensamientos de hacerte daño, habla con un adulto de confianza, con tu pastor o con un profesional de la salud; en una emergencia, acude a los servicios de emergencia de tu país.

Marta no esperó a estar mejor para hablar. ¿A quién le hablarías hoy si supieras que no te va a juzgar?

Fuentes

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