Saltar al contenido
Sígueme.Magazine
Donar

Síguenos

«Ven, sígueme.» — Mateo 4:19

English
OpiniónAnálisis

Bullying, ansiedad y depresión: pedir ayuda no es debilidad

Una línea de apoyo orienta, pero no puede acompañarte al día siguiente; para eso hace falta una comunidad que escuche.

Por Daniel Herrera · Respira
· 3 min de lectura
Bullying, ansiedad y depresión: pedir ayuda no es debilidad
Foto: Kanishka Madushan / Pexels

En un artículo de El Sol de México, el medio pregunta dónde pedir ayuda en el sur de Tamaulipas frente a la depresión, el bullying y la ansiedad. La pregunta por el lugar es necesaria; la que falta es con quién.

El titular me deja una pregunta abierta. Muchos jóvenes ya saben que existen consultorios y líneas de apoyo. Guardan el número en el celular. Y no llaman.

Detrás hay miedo a que alguien lo sepa: que en su casa digan que exagera, que en su iglesia respondan que le falta fe. Ese miedo tiene nombre, estigma, y no se combate con más información. Se combate con personas dispuestas a sentarse al lado sin apurarse.

«Sobrellevar es cargar con el otro, no opinar sobre el otro.»

— Daniel Herrera

Una línea de ayuda no abraza

Los servicios de salud mental son un regalo, y quien los usa no está fallando. Pero una línea de apoyo puede orientarte; no puede acompañarte al día siguiente. Eso solo lo hace una comunidad.

Cuando el dolor se vuelve secreto, crece. El bullying se sostiene en el silencio de los que miran. La ansiedad se alimenta de la idea de que nadie entendería. La depresión repite una mentira: que es mejor no molestar.

Me pregunto si nuestras iglesias están siendo refugio o sala de espera. Un joven puede cantar el domingo con las manos arriba y volver el lunes al mismo pasillo donde le dicen cosas. Si en la iglesia no se puede llorar, el evangelio que predicamos se parece poco al de Jesús, que se detenía ante el que lloraba.

Creo que a veces confundimos fe con silencio. No son lo mismo. La fe habla, pide, admite cansancio.

Dios cuida el cuerpo antes que el sermón

La Escritura no tiene miedo de nombrar el ánimo bajo: «La congoja en el corazón del hombre lo abate; mas la buena palabra lo alegra» (Proverbios 12:25, RVR1960).

En 1 Reyes 19, Elías pide morir y Dios no arranca con un discurso. Le da comida, le da sueño, lo deja descansar. Después viene la voz suave y, más tarde, un compañero para el camino (véase 1 Reyes 19).

Ese orden me impresiona: cuerpo, palabra, compañía. Orar es bueno; ir al médico también. Ninguna reemplaza a la otra. Quien te dice que basta con más fe para salir de una depresión no te da un consejo bíblico: te deja solo.

Para la comunidad el mandato es claro: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo» (Gálatas 6:2, RVR1960). Sobrellevar es cargar con el otro, no opinar sobre el otro.

Acompañar sin diagnosticar

Un amigo no es terapeuta, y está bien. Tu tarea no es etiquetar lo que le pasa a alguien. Es notar, preguntar y quedarte.

Hay pasos concretos para esta semana. Pregunta dos veces: «¿cómo estás de verdad?». Escucha sin interrumpir y sin poner tu propia historia encima. No prometas secretos que te superan. Si notas que tu amigo se aísla o habla de desaparecer, no lo dejes solo: busca a un adulto de confianza, a un profesional de salud mental o a tu pastor.

Y si el que necesita ayuda eres tú, habla aunque te tiemble la voz. Hacerlo no es debilidad; es lo contrario de rendirse. En una emergencia, llama a los servicios de emergencia de tu país.

Me queda una pregunta honesta: ¿quién es tu persona segura, esa a la que le escribes a las 2 a. m. sin editar el mensaje? Si ya la tienes, díselo hoy. Si todavía no, pídele a Dios que te ponga una cerca, y empieza a ser tú esa persona para alguien más.

Fuentes

Comparte esta nota

Síguenos también en redes

@SiguemeMagazine en todas: videos, noticias del día y comunidad.